miércoles, 25 de mayo de 2011

47. BARCELONA UNIVERSAL

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Al día siguiente de visitar la Sagrada Familia (v Cascotes 188) estaba como se pueden imaginar hundido, desmoralizado y completamente desilusionado con la ciudad de Barcelona. Tenía toda la mañana por delante para pasear por ella pero mi mujer me había advertido que no se me ocurriera ir por las Ramblas, Puerta del Angel, la plaza Real, el Casco Gótico, el Paseo de Gracia, etc., es decir, todos esos sitios donde habitualmente se va para poder decir que uno ha estado en Barcelona, porque aún podría deprimirme mucho más. Hordas de turistas de todas las naciones pero con la misma pinta y actitud, concentradas en amplios espacios peatonales para deambular mirar y fotografiar, parecían destinadas o programadas a destruir lentamente y por erosión  la gran ciudad donde empecé a aprender arquitectura. 

Iba yo paseando con la vista clavada en el suelo, mirando a esas sencillas y efectivas baldosas de cemento grises que aún sobreviven en las calles ajenas al turismo, cuando levanté la vista y me encontré con el estupendo edificio que podemos ver arriba. ¿Dónde estoy? me dije. ¿Es esto Barcelona?¿O mirando a suelo me he llegado a Niza, a Paris, o a Copenhague sin haberme dado cuenta? Oh sí, claro que sí, esto es Barcelona, esta es la Barcelona que necesitaba yo, la Barcelona universal, la Barcelona europea, la Barcelona ciudad de verdad. 

Saqué la cámara de fotos y me puse a fotografiarla como un turista más. ¿Como un turista? No, no, como un turista no, porque la gente me miraba con caras raras por hacer fotos a un edificio como ese cuando los destinados a tal efecto son los de Gaudí, el modernismo provinciano en general, o ahora, los de los interpretadores, imitadores, inspirados en todo ello, o como se quieran decir Toyo Ito, Miralles, Llinas, o tuti cuanti.

Se me había arreglado la mañana y el sol empezaba a lucir de nuevo, así que seguí caminando y fotografiando. Esto podía ser Cannes o Madrid:





... o Praga, Bilbao, Burdeos, alguna esquina de la city londinense...








Qué gran ciudad tenía bajo mis pies y ante mis ojos, y había llegado al mismísimo Paseo de Gracia, donde los autobuses escupían paquetes de japoneses o americanos a hacer fotos a tres o cuatro edificios que no eran estos, ... por lo que también esa gente me miraba con cara rara.

Pero yo seguí con lo mío y me encontré un pequeño teatro que podía estar perfectamente en Estocolmo, ...


Un edificio de oficinas art deco gemelo de alguno de la Habana (pero más limpio):


... o, ¡toma ya! un Moscú, ¡un Moscú!..., qué emoción:


Hasta donde habría llegado mi euforia, queridos lectores, que hasta los anodinos edificios de los años setenta me empezaron a parecer mucho más amables que los relimpiados bibelots objetos del turismo. Estos por ejemplo me hacían sentir como en Dusseldorf o Helsinki, ...



Y este otro, como en una esquina de Milán:



Qué maravilla de ciudad, qué ciudad tan universal, y yo pensando que estaba ya acabada, erosionada, estigmatizada, congelada. Nada de eso, nada de eso.

Llevaba ya un par de horas andando pero no quería parar. Estaba en plena euforia de arquitectura, y si no me creen, véanlo por sus mismos ojos: más Madrid, más Berlín, Ginebra, Roma, todas las esencias de las mejores ciudades, de las grandes arquitecturas.











En ese punto de mi recorrido tuve la debilidad de acercarme a ver el Mercado de Santa Catalina, insigne obra de uno de los artistas de los turistas y de los estudiantes de la artistectura, pero apenas había pecado un poco cuando tres edificios de los sesenta que lo mismo podían ser de Murcia que de Nantes o de Darmstad, acudieron raudos a mi salvación:






Qué mañana tan magnífica, qué jornada tan reparadora del decepcionado ánimo con que visitaba esta ciudad tras ver ayer su última catedral sin Dios.

No podía por menos que dar gracias a Dios por haberme salvado la mañana, y me acerqué a la vieja catedral pero... también estaba en obras; y además vi unas cuantas ventanas de la vergüenza en los edificios góticos aledaños y unas moderneces espantosas en los restos de muralla que me echaron para atrás. Por suerte y a pesar de que  toda la zona está peatonalizada y llena de chirimbolos, es decir, machacada y humillada, ahí estaba al fondo el palacio episcopal y me dije que su imagen iba a quedar estupendamente como colofón de todo este paseo. Aquí os la pongo.



Viva esta Barcelona. La Barcelona Universal. De ahora en adelante, mi Barcelona.


martes, 22 de marzo de 2011

46. TRIPOLI, Libia, Ciudad Vieja.

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Dado que estos días  es noticia en todos los periódicos y no precisamente por su belleza, me he dado un paseo por la parte vieja de esta ciudad mediterránea con la "cámara Panoramio" al hombro. Es como viajar a los tiempos en que el hombre vivía en la arquitectura y con la arquitectura. Acompáñenme por sus calles y verán.




Huelgan los comentarios ¿verdad? Si, es mejor callar y escuchar los ruidos de la calle.














Mil gracias a Google Panoramio y a todos los desinteresados colaboradores. Dejo para acabar una imagen aérea del casco viejo, medina, o ciudad antigua de Trípoli, Libia, no tanto para guiarse en ella cuanto para perderse, es decir, para reencontrarse con la arquitectura y con la ciudad.

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jueves, 24 de febrero de 2011

45. LA SHUFFLETON´S BARBER SHOP

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No me he olvidado en el título de poner donde está, no. Es el caso que, a pesar de tener un nombre tan concreto, se trata de un  lugar imaginario. Pero es un lugar sobre el que he pensado tantas veces, que podría decir que he vivido en él mucho más que en otros lugares así llamados reales.

Al poco de cerrar el despacho de arquitecto y dedicarme a la enseñanza, como gané mucho tiempo a la semana, empecé a estudiar música. O a ser músico, como decía Renato Valeruz, mi primer profesor. Mi mejor profesor. Sobre mi vida de músico suelo tener de vez en cuando la tentación  de escribir un nuevo blog, pero tengo ya tantos abiertos y fue tan compleja mi trayectoria musical, que me da bastante pereza ponerme a ello. Quizás dentro de unos años, aunque temo que se me olviden muchos detalles. En todo caso, del lugar donde yo quería ejercer de músico no creo que me olvide nunca porque le di un nombre y hasta un proyecto musical: el de la trastienda de una barbería pintada por Norman Rockwell para una portada del Saturday Evening Post. Un lugar tan bonito, que antes de mencionarlo en ese futurible e incierto blog, prefiero ponerlo aquí, en edificios LHD.

Según iba aprendiendo a tocar el saxofón en jazz, la dulzaina en popular o la tuba en dixie y clásica, fui dándome cuenta que lo más problemático en la música no era aprender el lenguaje o dominar el instrumento, sino ponerse de acuerdo con otra gente para tocar en grupo y encontrar un lugar agradable para los ensayos.

Por eso, cuando descubrí a ese grupo de jubilados tocando ya caída la tarde en la trastienda de una peluquería cerrada pero aún con la estufa encendida, pensé que Rockwell había interpretado perfectamente mi deseo, o quizás debería de decir mi sueño, porque a pesar de lo mucho que lo intenté, nunca lo conseguí.

No solo estamos hechos de los lugares que vemos, visitamos o habitamos, sino también de los que soñamos. Procuraré ir trayendo alguno más aquí.
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lunes, 31 de enero de 2011

44. LA ESTACION TERMINO. Barcelona. España.

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Cuando fui a Barcelona a estudiar la carrera de arquitecto me recibía y me despedía siempre este gran espacio, esta gran arquitectura. Pero como yo solía pasar por ella más preocupado con las emociones del viaje que con las de mis estudios, no fue hasta mucho después, que gracias a un artículo de Agustín García Calvo en ElPaís, despertara mis emociones arquitectónicas por sí misma. No he encontrado el artículo en internet y lo tengo ahora bastante inaccesible por el lío de unas obras en mi despacho,  pero si mal no recuerdo aludía a la hermosura de que en la ciudad de la gran cuadrícula, toda una gigantesca estructura metálica accediera a curvarse, expresando así, humildemente, el acomodo del ferrocarril a la ciudad y no al contrario.

El artífice de semejante tour de force fue el ingeniero de la Maquinista Terrestre y Marítima, Andrés Montaner i Serra en los finales de la Primera Guerra Mundial, es decir, justo en los años en que algunos soldados arquitectos alemanes dibujaban en sus cuadernos de campo los croquis más atrevidos de la arquitectura expresionista, o justo cuando en la misma ciudad, el célebre Gaudí retorcía plantas y fachadas tratando de escapar de la ortogonalidad.

La última vez que pasé por ella fue en un viaje a Venecia, cuando ya sólo funcionaban un par de andenes y amenazaba convertirse en un establecimiento más de esa ciudad en proceso de museificación. Conté en cierta ocasión (Conferencia de Nápoles) que al salir de ella me encontré a un compañero de clase que me saludó alegremente dándome así carta de ciudadanía barcelonesa, y desde entonces creo que no he vuelto por allí. Me daría mucha pena volver a verla sin vida propia, convertida en museo de sí misma.

Si no habéis estado en ella, no dejéis de visitarla antes que nada en Barcelona, porque museo aparte, la experiencia arquitectónica es siempre una experiencia espacial. Guiado por aquella sentencia de los impresionistas de que las estaciones de ferrocarril son las catedrales de nuestro tiempo (creo que la frase es de Pizarro, es decir, que no hablamos ya de nuestro tiempo) yo siempre que he visitado una ciudad he ido a ver su estación o sus estaciones de tren.

Pero como las nuevas estaciones de ferrocaril, o bien se parecen a las estaciones de metro o bien los aeropuertos, yo prefiero disfrutar ya de la estación Termino de Barcelona, viendo sus fotos en internet. Aparte de la perspectiva en curva del segundo tramo de la gran marquesina, la doble arcada ya es un tema espacial (Venturi mediante) de notable enjundia.


El monumental hall, tan académico y arcaico, no es una pieza maestra, pero es un espacio que se agradece, y más con estas panorámicas en ojo de pez que tan bien lo saben contar:


Google imágenes nos permite incluso disfrutar de uno de los momentos de su construcción:


No podía faltar la vista aérea de google earth para entender en planta el problema de la curvatura y de la entrega en diagonal de la nave recta sobre el gran hall, algo de lo que nadie se da cuenta cuando se está dentro.


Ni podía faltar la reconstrucción de sketch up que nos permite ver la perspectiva área desde la trasera de las vías:


 Aunque lógicamente yo prefiero ir al album de mis recuerdos y recuperar esta vieja foto de la semana santa de 1987 con mis dos hijas y la de un amigo (Joan Isart) posando junto a una de sus articulaciones.


Qué hermosa puede ser la arquitectura ¿verdad? Qué bella llegó a ser.
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miércoles, 22 de diciembre de 2010

43. BAR ACUARELA. EL BURGO DE OSMA. SORIA

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Como decía Hölderlin, allí donde crece el peligro, crece también lo que nos salva. Aunque por poco nos vamos de El Burgo de Osma sin encontrarlo: un buen bar donde comer de tapas para continuar viaje. Está escondido en plena calle Mayor bajo la apariencia de una taberna cualquiera y con un cartel de que llevan pizzas a domicilio que no invita precisamente a entrar; pero como en los demás que miramos no había nada apetecible en la barra y como la relación apariencia decorativa-calidad de bar no siempre es directa, en cuanto abrimos la puerta, vimos las tapas del bar Acuarela, y nos atendió su amable camarero rumano, nos dijimos: este es el lugar (¡el lugarLHD!).

No fue difícil entablar conversación con Daniel, que así se llama el guapo camarero rumano, ni expresar nuestra satisfacción por la calidad de las tapas, obteniendo a cambio el secreto de que los dos dueños del bar son...¡vascos! Ah, ah ah. El obligado Ribera del Duero estaba rico y ante sus efectos y nuestro aprecio, Daniel, que ya empezaba a parecerse según mi socia al mismísimo Jude Law de My Blueberry Nights, nos invitó a uno más por su cuenta y a los cafés (estupendos también).

Como la vida de los bares y sus camareros suele ser efímera, no me comprometo a nada, pero en la dura visita a este pueblón soriano de "interés turístico" lo único que lo salvó (la catedral estaba cerrada) y nos devolvió a la vida, fue la visita al Bar Acuarela: calle Mayor 49, justo enfrente (como se ve en la foto) de la embocadura de la calle Obispo Rubio Montiel. El del barril de la foto.
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miércoles, 15 de diciembre de 2010

42. EL PABELLON DE LEDOUX EN LOUVECIENNES. París. Francia

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Desde hace algún tiempo tengo una especial tendencia a visitar, bien realmente o bien con google e internet, los lugares o escenarios reales de las historias que leo. Trato de compensar con ello esa otra tendencia tan propia del turisteo de nuestro tiempo que consiste en ver lugares y lugares sin enterarse ni saber nada de ellos. 

Cuando este lunes leí en el divertidísimo blog de Eduardo Gil Bera la historia del robo de las joyas de la du Barry acaecido en su "castillo" de Louveciennes, me puse a repasar los palacetes de la zona norte de Versalles que visité en el verano del 2001 con la idea de unir aquella posible visita y esta historia tan amena, pero se ve que me llamaron más la atención entonces el de Germain en Laye o la Maison Lafitte, y que éste de la du Barry se me escapó de ver. No importa mucho porque gracias a la documentación que hay en internet he hecho el viaje con gran comodidad, y de paso, he vuelto a las páginas de Emil Kaufmann (De Ledoux a Le Corbusier, p 42, y Tres arquitectos revolucionarios, p 163) o a las de la Arquitectura Moderna de Watkin y Middleton (p 148) que sí que había visitado en su día con poco provecho para mi memoria. Seguramente, porque los textos sobre los así llamados arquitectos revolucionarios estaban siempre ilustrados con los bonitos dibujos neoclásicos y nunca con fotos concretas de los edificios o los lugares. Vayamos pues para allá.


Pones Louveciennes en el GE y te sale esta zona al norte de Versalles, Oeste de París y sur de Germain en Laye, e inmediatamente te llama la atención ese gran parque barroco sin palacio de interesantísima historia que es Marly-le-Roy al que habrá que ir algún otro día. No, el chateau de la favorita de Luis XV no estaba ahí sino donde he puesto el punto amarillo que, ampliándolo, se ve así:


La casa que le regaló el rey para sacarla de Versalles, donde su relación con María Antonieta se había vuelto insostenible, es ese caserón cuadrado de la derecha del que hay foto en Panoramio:


Pero como es bastante feote, no tiene vistas sobre el Sena y París, y a la du Barry lo que le gustaba es lo mejor de lo mejor y gastar a espuertas el dinero de su querido, Ledoux le hizo esa monada que se ve a su izquierda y del que la foto nocturna de arriba da buena cuenta. Pero por seguir con la tradición neoclásica pongamos aquí para ilustrarlo los planos, fachadas principal, trasera, y sección de tan coqueto edificio.









Miento: no pongo los planos del edificio por seguir con la tradición de los libros sino porque en Panoramio ¡nadie ha puesto ni una foto exterior del pabellón de Ledoux! Eso sí, como lo han restaurado y lo usan como salita de conciertos y lo alquilan para bodas o cócteles de empresas he dado con una página que te permite hacer un completo y estupendo recorrido por su interior de donde, a las pruebas me someto, he obtenido la única foto del exterior.

Sobre las vicisitudes del conjunto hay página en la wiki, Castillo de Louveciennes, y sobre la entretenida biografía de la promotora he dado con estas dos, una en la wiki en su aburrido estilo, y otra de más cotilleo y anecdotario (aunque copia y pega cosas de la wiki) en un blog un tanto extraño: Madame du Barry. Todo muy instructivo.

Del estudio del plano y apertura de las fotos parece que el "camino de la máquina" que baja al Sena desde la trasera del viejo caserón (la máquina que llevaba agua del Sena a las fuentes de los jardines privadísimos de Luis XV en Marly) pudiera ser un buen paseo, aunque una vez conocida la historia gracias a Eduardo, lo más divertido de la visita será imaginar dónde escondía las joyas la segunda y última favorita del rey y por donde se perdió el suizo Badoux para que los ladrones se las limpiaran sin mayores destrozos inmobiliarios.

La visita podría continuar con las vicisitudes de las pinturas de Fragonard para la decoración, ahora en Nueva York y Estocolmo, pero como eso es mucho lío para este blog y para una sola visita, mejor cerrar con un par de retratos de la guapa y feliz dueña,



y con una pintura conmemorativa de la cena de inauguración en el salón principal.



Qué aproveche (la gran arquitectura, claro).
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