martes, 1 de diciembre de 2015

91. PROSPECT BOULEVARD, PASADENA. CALIFORNIA



En una de mis últimas noches de insomnio me debió de regurgitar una web que había visto por encima titulada algo así como las diez mejores calles del mundo, o las diez calles más bellas, no sé; y como no soy aficionado a ese tipo de tonterías me olvidé de las otras nueve y me puse a pensar en cuál podría ser la calle más bonita del mundo en la que yo hubiera estado. No recuerdo si me dormí pero lo que es seguro es que no tardé ni medio minuto en hacer que el disco duro de mi memoria me devolviera esta imagen que capturé el 9 de abril del 2004 cuando el autobús que nos llevaba a ver la famosa "casa Miniatura" de Frank Lloyd Wright nos paró en el Prospect Boulevard de Pasadena, California. Mientras el resto del grupo de arquitectos riojanos iba hacia esa extrafalaria y no tan diminuta casa, yo me di la vuelta para fotografiar la bellísima calle por la que habíamos venido. No entiendo de botánica ni de jardinería, así que agradecería que alguien me dijera de qué tipo son los árboles cuyas ramas dibujan esa especie de túnel de fantasía que filtra la fuerte luz del sol de California. Los arquitectos tienden a pensar que  las mejores calles están hechas por las buenas proporciones de la calzada, el diseño de las aceras y la armonía de buenos edificios; y los que votan en las webs de calles más bonitas del mundo suelen hacerlo por algún tipo de uso o anécdota especial que no suele tener nada que ver con los valores anteriores; pero como yo soy un desengañado de la arquitectura, y desde luego, lo del carácter anecdótico de sus usos me parece poco relevante a la hora de dar valor a toda una vía urbana, hace tiempo que pienso que la gracia de una calle está, sobre todo, en su arbolado.


Gracias a Google Street View he podido visitarla de nuevo y me he reafirmado en mi opinión. Comparando las fotos que hago yo para el blog MIRA ESTO OTRO con las que hace Google Street View, suelo admirarme de la verdad que desprenden las fotos neutras e inocentes del coche de google, en las que no pocas veces se aprecia más la fealdad de nuestros pueblos que en mis propias fotos. En este caso han capturado tanta belleza como en mi foto, y debido a las condiciones del sol ha ilustrado quizás mejor que yo ese carácter de filtro homogéneo de la fuerte luz del sol.


Les pongo al final del post el enlace a la localización exacta por si tienen la oportunidad de darse un paseo por ella.

domingo, 1 de noviembre de 2015

90. EL HOSPITAL DE TAVERA, TOLEDO



Nunca he vuelto al Hospital de Tavera después de que lo visitara en diciembre de 1975, pero esta foto que hice entonces y que he puesto aquí como cabecera de este post ha estado siempre rondando por mis carpetas y mesas de trabajo recordándome lo mucho que me impresionó la limpieza y originalidad de tan singular espacio. Educados en la arquitectura de la modernidad, tanto los arquitectos como la gente culta de este país teníamos por costumbre pensar que estos lugares eran coto exclusivo del interés de los Historiadores del Arte y que su destino no podía ser otro que la visita turística en rebaños. Dicho de otro modo: que aunque yo lo visité siendo aún estudiante de arquitectura, en modo alguno pensé que podría allí aprender arquitectura.

Pero como decía, durante años y años esta foto nunca había desaparecido de mi vista, y seguro que esa tozudez de su presencia en recordarme la maravilla de lugares que se pueden conseguir con el arte de construir habrá tenido que ver con mi distanciamiento hacia la arquitectura de nuestro tiempo y mi interés por las arquitecturas "exclusivas" de los historiadores del arte.


Si me enteré en aquella ocasión que detrás de la ejecución de los depurados pórticos que encierran ese doble claustro estaba la figura de ALONSO DE COVARRUBIAS, poco o nada me importó, porque ya por entonces sabíamos que a lo que los Historiadores del Arte llamaban arquitectos era cosa bien distinta de lo que nosotros aspirábamos a ser con nuestros estudios. Es ahora, gracias a internet, que he podido ponerle cara a Alonso de Covarrubias, y nada menos que con los pinceles del El Greco.


En el archivo del propio hospital de Tavera se conserva una planta que según dice Rosario Diez del Corral Garnica (Arquitectura y Mecenazgo, ed Alianza Forma, Madrid 1987, pag 206) "pudiera corresponder al primer proyecto de 1540-41". En el mismo libro, la autora dice algo más adelante que "repetidas veces se ha supuesto que Covarrubias proyectó el hospital con tipología cruciforme que posteriormente no se llegaría a realizar en su totalidad". Más adelante trata también de situar la presencia y autoría "al frente de las obras" de Bartolomé de Bustamente en 1541.


Tengo un gran aprecio por Rosario Diez del Corral porque además de pariente cercana fue justamente la persona con la que mi hermano y yo visitamos el Hospital de Tavera en diciembre de 1975, pero esa manera de ejercer la historia de la arquitectura como si estuviera uno tratando de resolver un caso de Sherlock Holmes, la verdad es que me deja bastante indiferente. Fuera Covarrubias o Bustamante, si alguno de los dos hubiera querido decir al mundo que lo que ahora vemos era obra suya y no del otro, lo hubiera dicho. Pero la autoría y la gloria para la Historia no parece que fueran entonces los valores que tanto se fueron apreciando después. 



Tampoco el arquitecto y académico Luis Cervera Vera nos sacó de dudas sobre el proceso constructivo del Hospital de Tavera en el volumen que le encargaron hacer para la Historia de la Arquitectura Española de editorial Planeta-Exclusivas ediciones de Zaragoza, tomo 3 pag 970. Según cuenta Antonio Fernández Alba en una semblanza que hizo de Cervera y que la wiki  regala con seguir este enlace, para compensar su "acción inmobiliaria" el arquitecto don Luis ejercía de historiador todo lo que podía. Pero ¿no hubiera sido mejor, don Antonio, que hubiera estudiado los edificios de la antigüedad como arquitecto y no como historiador? Bueno, cuando menos nos cuenta en tan grueso volumen que la iglesia del Hospital a la que da acceso y justifica esa airosa galería central que parte el claustro en dos, no tiene nada que ver con Bustamante ni con Covarrubias y que podría ser un trabajo a cuatro manos entre Hernán González y Andrés de Vandelvira. 


Celebro saber ahora (gracias también a los medios informáticos) que Covarrubias era de un pequeño pueblo de Toledo llamado Torrijos y que algo le encargaron que hiciera en su iglesia parroquial ahora chorreada de arena por algún arquitecto moderno presunto restaurador de la antigüedad. 


Como no encuentro mucha relación entre la arquitectura del hospital de Tavera y este organismo tardogótico, entro en su interior (gracias al blog de "adrianmypictures") para cerciorarme de que en el siglo de Covarrubias nuestro renacimiento arquitectónico se hacia también en Toledo con bóvedas de crucería y no con los órdenes clásicos de Brunelleschi en Florencia



 Pero volvamos por el aire al doble patio del Hospital de Tavera para apreciar la perfección de su geometría y el contraste con el caserío del otro lado de la carretera a Madrid. 


No sé la de claustros que habré visitado en mi vida, cada cual con sus rasgos decorativos y su personalidad, pero este de Toledo tan claro y tan florentino le deja a uno verdaderamente perplejo. ¿Cómo es posible que de aquella forma de construir tan dilatada y compleja, con cambios de dirección y de maestros, aquella forma de hacer arquitectura en que la autoría era asunto de tan poca importancia, saliera un lugar tan perfecto?


He echado las reglas de google earth para hacerme una idea de sus dimensiones y poder compararlo con otros: el doble claustro mide aproximadamente 56,5 metros de largo por 36,5 de fondo. Las zonas porticadas están en torno a los cinco metros, de modo que lo que son en sí los ojos al cielo de los patios miden 18 por 26 metros. Ya me gustaría tener también un alzado para dejar por escrito la altura de las columnas, arcos y cornisas de los dos niveles, pero de momento hasta ahí no ha llegado internet. Esta es la planta (un poco deformada por la foto del libro citado) del conjunto del Hospital. Una extraña joya de la arquitectura española. Cosa de magia. 






jueves, 1 de octubre de 2015

89. LA PLAZA DE MONTAUBAN



Es costumbre de los arquitectos viajeros moverse en busca de edificios ya conocidos y estudiados en libros y revistas tan sólo para observar detalles de encuentros o de escala que nunca se aprecian en las publicaciones. Pero también hay veces que entramos en ciudades de las que no hemos leído ni oído una palabra a ver qué nos encontramos. Esto último es lo que me sucedió el pasado verano cruzando Francia. Bajábamos desde Brive la Gaillarde hacia el Valle de Arán y como no era cosa parar en Toulouse, donde habíamos estado en junio (v edLHD87), echamos un vistazo al mapa y decidimos hacerlo en Montauban. A ver qué nos encontrábamos.

De momento ya tuvimos noticia por algún cartel que había un Museo dedicado a Ingres, famoso pintor nacido allí, por lo que, por supuesto, visitamos el magnífico palacio episcopal donde está instalado. Pero el gran efecto de sorpresa arquitectónica (del que ya siento privar a los lectores de este post) lo tuvimos al entrar en su plaza mayor: toda en ladrillo, doble pórtico de bóvedas de arista, entradas en diagonal para los vehículos rodados y fachadas del caserío sin homogeneidad pero en total armonía.


Nos pareció un lugar mágico y aunque no tuvimos mucha suerte en la elección del restaurante, no nos arrepentimos de haber pasado allí la mayor parte del tiempo de nuestra estancia en Montauban.


En principio, la doble arquería permite utilizar la exterior como espacio para las mesas de las terrazas y la interior para el paseo y la relación directa con los escaparates y las tiendas.


Por fortuna, el mobiliario de los bares no ha sido homogeneizado como en tantas otras terrazas de zonas peatonales, pero a excepción de las sillas más sencillas de aluminio y mimbre/plástico, la mayoría de los diseños eran bastante nuevos y feos.


Qué pena que el mobiliario no estuviera a la altura de la arquitectura de la plaza. Como tampoco lo estaban la pavimentación de su interior, los abolardamientos y los últimos detalles decorativos a base de toldos en plan vela y más terrazas.


Parece evidente que lo único que hay en el pensamiento urbanizador de nuestro tiempo es quitar coches y jardines y poner terrazas de bares con alguna jardinera.


Da mucha pena comparar la simpleza de nuestro tiempo con el marco de tan rica y variada arquitectura, pero cuando menos veo por algunas fotos de internet que hay días en que algún mercadillo la alegra un poco.


...aunque las más de las veces la encuentro retratada con algún tipo de vallas, ese otro recurso municipal tan frecuente en nuestro tiempo.


La pobreza urbanizadora de la plaza puede que sea un reflejo de la inanidad urbanística del resto de la ciudad. La plaza de Montauban fue el bellísimo patio interior de un casco urbano perfectamente delimitado por unas murallas.


Nosotros entramos a Montauban por los polígonos comerciales del norte y hasta que alcanzamos las calles de sus viejos muros nos quedamos espantados de la fealdad de la ciudad.


Para entender lo que les digo puede uno montarse en el google street view y hacer el mismo recorrido:





¿Qué ve la gente cuando viaja? ¿qué buscamos? ¿qué vemos los arquitectos?  Uno diría que en general lo mismo, cosas bonitas para pasar buenos ratos; pero para un arquitecto eso no es suficiente. Los arquitectos buscamos siempre aprender y no nos podemos sustraernos en modo alguno de leer el mundo desde el libro de la arquitectura.

Toda una ciudad nueva y grande como Montauban, pensé, no puede gravitar sobre ese pequeño espacio mágico reconstruido en el siglo XVII. Y no debería aplastarlo con la banalidad de sus nuevas modos de pensar y decorar. Es al revés: hay que profundizar en los patrones y las formas de construir de la antigüedad por ver si son de aplicación en nuestro tiempo. Si de verdad hemos disfrutado en la vieja plaza de Montauban y si aún tenemos algún tipo de amor y respeto por nuestra profesión, los arquitectos y urbanistas estamos obligados a pensar y hacer otras plazas así: plazas nuevas y mágicas a la escala y con los medios del Montauban contemporáneo.

Y si no decimos más que tópicos y descripciones superficiales, mejor olvidarnos que somos arquitectos y conformarnos con ser unos simples y vulgares turistas (como tantos que repiten textos y publican fotos en blogs y álbumes de internet).


martes, 1 de septiembre de 2015

88. PERROS EN ATENAS



La tontuna de la actual Grecia o las comedias políticas y tragedias sociales en que parece haberse instalado su población (v. spyp 789) me han hecho recordar por contraste, uno de los detalles urbanos más entrañable de su capital, Atenas, y de todos los sitios que visitamos en nuestra estancia estival del 2012 en Grecia: que los perros aún vivían sueltos y a sus anchas en las ciudades.


Tomé conciencia de ello el día en que llegaron nuestras hijas. Después de haber estado cenando en Plaka, bajamos paseando hasta la plaza Sintagma para visitar uno de los más emblemáticos edificios de Atenas, el Hotel Grand Bretagna, en el que, según María Belmonte, se habían aposentado viejos espías, aristócratas, grandes escritores, poetas y toda la fauna importante que deseaba tocar de cerca la gloriosa antigüedad helena.


Yo llevaba en la cabeza todas las historias y fantasías que me había sugerido nuestra entusiasta informadora e hicimos lo posible por revivirlas en la imaginación entrando en su espacioso lobby.

Pero mira por dónde que, de la breve visita nocturna que hicimos a tan insigne hotel, lo que más me emocionó fue ver un perro suelto tranquilamente dormido encima de las escaleras (foto de arriba). Esas mismas escaleras y pilastras que vemos en esta otra foto tomada de internet.


Fue ese perro, dormido en tan suntuoso sitio, tan evocador de la libertad, que en vez de espías, aristócratas o grandes novelistas venidos del norte, me pareció haber visto allí durmiendo al propio Diógenes Laercio.


Como un asunto tan extraordinario no podía pasar desapercibido para las ingentes masas de urbanitas que aman a los perros y recogen sus cacas cada día por las calles de cualquier ciudad, hice una búsqueda en google imágenes poniendo DOGS y ATHENS y me salió, como no, la utilización de los perros, no como imagen del deambular de los sofistas, estoicos y escépticos, sino como protagonistas secundarios de las últimas representaciones del teatro político.


Y como internet tira más hacia los antisistema por ser una grieta en el mismo, la mayoría de la utilización de la imagen de los perros era, obviamente, para adscribirlos a su bando.


Aunque también hubiera alguno que desde lo alto de la escalinata mirase con pose aristotélica a todo ese coro popular que parece reivindicar la felicidad sin tener que estudiarla.


Utilizaciones teatrales aparte, las voces más sensatas contaban que lejos de jugar a actores o de sugerir a viejos filósofos dormitando, los perros sueltos de Grecia son un problema de dejadez social y abandono particular.

Ya es pena, porque la verdad es que para nosotros representó algo así como una vuelta al paraíso de mi pueblo, cuando los perros callejeaban a sus anchas y no se les ocurría ladrar por las noches a degüello como hacen ahora todos esos perros enjaulados junto a las casas. Celebrando su libertad en la ciudad, mientras duró nuestro viaje a Grecia les fui haciendo alguna que otra foto cariñosa:








No he leído LA CIUDAD Y LOS PERROS  de Vargas Llosa, pero tras otra pequeña investigación veo que sus perros también son metafóricos y que en vez de a filósofos escépticos, aluden a cadetes de tercer año. Una ciudad con perros sueltos, educados y tranquilos en vez de atados por una correa a sus amos merece un título como el del premio nóbel.

En fin, mientras sueño con ella y me recreo en los recuerdos, quede al menos para este blog el momento mágico de la foto que he puesto en el encabezamiento.



sábado, 1 de agosto de 2015

87. LOS JACOBINOS DE TOULOUSE



Desde el verano de 1979 en que hicimos una pequeña visita turística a Toulouse no había vuelto a entrar en su extraña iglesia de los Jacobinos. Aún con todo, la tuve bien presente cuando redacté mi Manual de Crítica de la Arquitectura y fue protagonista en el capítulo dedicado al espacio y la columna (link aquí). Una iglesia con dos naves y las columnas ocupando el eje central no podía estar concebida como un tradicional espacio de predicación o asambleario, sino como un lugar procesional. Un lugar para dar vueltas, como se hace en las girolas de las grandes catedrales góticas, pero no a una nave central, sino a una larga fila de altas columnas entre las que la más cercana al ábside adquiere la semejanza de una palmera.


La misma palmera de San Baudelio de Berlanga, el mismo árbol de la vida y del paraíso cuya protección buscamos en tantos momentos de incertidumbre y desasosiego.

No era precisamente consuelo o protección lo que buscábamos en la cálida y alegre noche del viernes 6 de junio de este 2015 en que habíamos hecho escala en Toulouse de camino a las playas del Mediterráneo para disfrutar de unos primeros días veraniegos; y mucho menos esperábamos nosotros encontrar abierta la iglesia y las dependencias del convento a las diez de la noche cuando nos acercamos a ellos dando un paseo después de cenar. Pero como este templo está abocado a las sorpresas, mira por donde que lo encontramos abierto, animado e iluminado, ofreciendo diversas "performances" vinculadas con el teatro, la música o la danza.

Eso de usar un viejo espacio sagrado para actividades artísticas no suele ser plato de mi gusto, pero a medida que fuimos paseando por entre unos y otros recintos, percibiendo la entrega de los artistas y la apacible actitud de las gentes que disfrutaban de ello, me fui entusiasmando con el nivel de respeto y cultura de unos y otros y casi salí doblemente emocionado de la visita.


Como mi primera intención era hacer el recorrido procesional por la iglesia, lo único que me sorprendió desfavorablemente fue el corte efectuado a mitad de la nave izquierda con la ubicación de un altar que luego he sabido que alberga los restos de Santo Tomás de Aquino, recuperados después de la restauración general del convento realizada durante buena parte del siglo XX.


Al fondo de la columnata habían dispuesto un proyector de luz y un lienzo blanco con los que la gente jugaba a crear figuras con sus sombras mientras que un cuarteto de voces interpretaba cantos a capella.


Pasamos seguidamente al claustro, convertido por la cálida noche en un lugar de lo más apacible para estar y conversar.


En la sala capitular de finísimas columnas, una pianista se preparaba para tocar algunas piezas que no no nos quedamos a escuchar...


... porque en el presbiterio de la capilla anexa de San Antonio dos mimos ofrecían un espectáculo muy sugerente jugando a ser muñecos de trapo.


También pudimos pasar al refectorio donde se había instalado una exposición temporal de una de las mejores colecciones privadas de fotografía europea.


De regreso al claustro, vimos que una gimnasta o equilibrista hacía figuras sobre el pozo central...:


... mientras que por entre los arcos salía un par de largas figuras negras y enmascaradas montadas en unos modernos zancos de potentes muelles que brincaban cual saltamontes de un lado a otro:


En las últimas reuniones preparatorias del curso que viene, habíamos estado tratando en la Escuela de Diseño de Logroño de la necesidad de programar eventos multidisciplinares que permitieran a los alumnos interpretar espacios, experimentar con la transversalidad de especialidades y conectar con la ciudad. Nuestra casual visita a los Jacobinos de Toulouse de este mes de junio no sólo me había permitido volver a disfrutar una vez más de tan singular espacio-columna sino que nos ofrecía también no pocas sugerencias para nuestro trabajo docente. De ahí que, con las debidas cautelas y respeto por la historia de los lugares, comparta aquí lo uno y lo otro. En todo caso, creo yo, la elección de la noche y la suerte de una buena temperatura, aportaron también lo suyo a la experiencia.

Aquí la ubicación de la Eglise des Jacobins a mitad de camino entre la Place du Capitole y el río Garonne: