jueves 12 de enero de 2012

56. LA IGLESIA DE SANTA LUCIA DE OCON. LA RIOJA. ESPAÑA.

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No os será extraño que alguien cuente que muchas veces es la gente de fuera la que nos descubre nuestros propios edificios y la que nos hace amarlos. Llevo ya más de veinte años pasando fines de semana o cortas vacaciones en la aldea riojana de Santa Lucía de Ocón y apenas me había interesado por su iglesia, un pequeño templo con bóvedas de crucería del XVII, como tantos otros que hay por nuestra región. De hecho, el alcalde me había adjudicado su limpieza en alguna de las veredas que distribuye entre los vecinos, y hasta ahora yo había preferido pagar la multa por no hacerla que verme barriendo un templo que me es bastante ajeno en su actual utilización.

Hasta el pasado verano, lo que más me había interesado de él era su exterior, con esa imagen de gallina que cuida sus polluelos o esa torre que clava el pueblo al terreno como si de una cuña se tratara. Son metáforas que se echan en falta en los pueblos de norteamérica, donde las iglesias son como pequeños locales comerciales que compiten por su público. Y mira por donde que ha sido un artista californiano el que me la haya puesto en valor (¡ah! ¡ya me ha salido a mí también la maldita expresión!).

Intercambiamos casa, y en cuanto se enteró de que durante el tiempo que iba a estar aquí, se suele a celebrar en Santa Lucía un certamen de artistas bajo el pretexto del "land art", se interesó por participar en él usando la iglesia. Peter Erskine, que es el artista del que hablo, trabaja con refractores de luz creando sorprendentes arco iris móviles en el interior de los edificios donde actúa, y además de haber realizado instalaciones efímeras en numerosos edificios históricos de Roma o en varias ciudades americanas y europeas se pueden ver sus instalaciones permanentes en edificios tan significativos como la estación de ferrocarril de Milán. Lo podéis comprobar en su web.

Pues bien, como antes de venir a La Rioja Peter quería fotos, planos y detalles de la iglesia, me estuvo mareando con cartas y peticiones de datos hasta casi hacerme perder la paciencia. Sin embargo, en alguna de aquellas visitas tranquilas y silenciosas a la iglesia en la primavera del año pasado, empecé a sacarle jugo al edificio y a lamentarme del olvido en que le tenía. Y haciendo fotos y contemplándolo detenidamente empecé a admirar la extensión de sus muros de sillería de arenisca, o la desmesura de los contrafuertes con que trataron de sujetar una cabecera que seguramente se les empezó pronto a venir abajo:



Y ya en el interior, además de medir y sentir las proporciones de su generoso espacio, empecé también a buscar esas perspectivas que se esconden desde los rincones o por debajo de los coros, o los detalles de la riqueza de otros tiempos, como ese magnífico órgano en ruinas.





Seguramente me repetiría a mí mismo un comentario que me hizo José Angel González Sainz cuando en cierto viaje salimos emocionados de la visita a una iglesia en Valladolid hace ya muchos años: "Juan, tenemos que usar las iglesias, no podemos dejar esos grandiosos espacios en manos de quienes no los entienden ni aprecian".

Pues bien, con los datos que le mandé, yo la dejé en manos dePeter Erskine, y después de colocar sus refractores de luz me la devolvió tal que así:


Es decir, llena de luz y color, vibrante de alegría, y enriquecida en detalles, pinceladas y matices efímeros:




El día de Navidad pedí la llave de la iglesia para ver cómo el potente sol lateral la bañaba de luz y nos encontramos con la sorpresa de que la luz casi se caía por los propios muros de las ventanas con la debilidad del invierno:



Faltos de las luces y colores de nuestro artista californiano, extendimos nuestra mirada a las figuras y relieves que la decoran hechos por artistas bastante anteriores a Peter. La de la santa titular:


Estas mujeres afligidas de algún pasaje bíblico que no fuimos capaces de reconocer, o la más evidente anunciación que le sigue:



O este santo con bastón y cerdito a sus pies que seguramente sea un San Antón.


Para cerrar el círculo, el día de este año nuevo volvimos a disfrutar la iglesia desde los paseos alrededor del pueblo; y de ese día es la foto de mi hija Teresa con la que he abierto este post.

miércoles 7 de diciembre de 2011

55. EL TIMBERLINE LODGE. MT HOOD. OREGON

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Del Hotel del Coronado en la playa de San Diego, al Hotel Timberline en el Monte Hood. Y de CON FALDAS A LO LOCO de Willy Bider, a EL RESPLANDOR, de Stanley Kubrick. La fórmula cinematográfica es la misma: usar las arquitecturas como decorados y mezclar arquitecturas al antojo del director. De ese modo, cuando se vuelve a ver la película después de haber estado en el edificio, se produce una especie de decepción cinematográfica, como si a la película se le vieran las trampas. Es posible que a los cinéfilos les pase lo recíproco cuando visiten los edificios, pero no es mi caso porque les encuentro siempre a las construcciones mucha más sustancia que a las películas. Y hasta más historias.


La larga toma hecha en helicóptero de la carretera que sube al Hotel de El Resplandor nada tiene que ver con el paisaje del Monte Hood en que está ubicado el Timberline Lodge. Y aunque las realidades sean distintas, creo que se puede decir que aquí la película está a la altura de la realidad porque la grandeza del valle por el que sube Jack Nicholson y familia es comparable a de este gigante volcánico que se yergue por encima de todo el paisaje circundante.

Realidad y película coinciden en la foto de la llegada tomada desde lejos, o en las sucesivas fotos fijas hechas desde el exterior cuando empieza a nevar.


Por supuesto que el laberinto exterior es imaginario y que la puerta principal y su aparcamiento nada tienen que ver con el escenario cinematográfico creado a partir de una de las puertas de la zona de la cocina y de un porche que no conseguí localizar.



La película sitúa la construcción del edificio bastante antes que en la realidad. Según supimos allí por los folletos explicativos, el Timberline se construyó en los años treinta para paliar la falta de actividad constructiva de la gran depresión y por ello recabó del trabajo de muchísimos artesanos locales. El folleto turístico debió de escribirlo un periodista porque se olvidó decir quién fue su arquitecto. Para eso está la wiki, claro: un tal Turner, W.I et alt. perfectamente desconocidos.

A cambio, el folletito incluía una sección de la pieza más notoria del edificio, ese espectacular cono central que es un eco de la propia montaña:


La estructura de madera tiene unas escuadrías impresionantes, pero no se dejaba fotografiar a gusto. Pero eso se compensa con la foto de la gran chimenea situada a los pies de su núcleo central:



La puerta de acceso al edificio no tiene nada que ver con la de la película y tiene la particularidad de que es doble: hay una a nivel de calle y otra a nivel de planta primera, para resolver así el problema de la gran acumulación de nieve en invierno. La escala de esta segunda puerta es también sorprendente.


Concluyo este recordatorio de nuestra visita con una imagen de los pasillos de las habitaciones que tampoco son los que el hijo de Nicholson recorría en su triciclo:


El cine ha venido a sustituir a las apariciones de las vírgenes dándoles a algunos edificios un aura que no necesitan. De todos modos hay que reconocer que las películas son los mejores anuncios. Y que sin el spot de EL RESPLANDOR es posible que no hubiéramos nunca conocido este estupendo lugar que, como decía antes, nos destrozó la película. Lo uno por lo otro.
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viernes 11 de noviembre de 2011

54. EL HOTEL DEL CORONADO, San Diego, California, USA.

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Ahora que recuerdo, El Hotel del Coronado fue un regalo o propina del argentino Gustavo, nuestro guía turístico en Los Angeles. En el plan de día era hacer una de esas visitas señaladas en la vida de todo devoto de la Arquitectura: la del  Salk  Institute de Louis Kahn en La Jolla. Pero como yo andaba ya en trámites de dejar de pertenecer a esa secta, lo accidental fue aquel día mucho memorable que lo esencial. Tras ver el edificio de Kahn, parar en la playa de La Jolla a relajarnos, y comer luego viendo los portaviones de la Séptima Flota (la que un día estuvo en Pearl Harbour), Gustavo propuso llevarnos a la isla de Coronado a ver el famoso hotel donde se rodó la segunda parte de CON FALDAS Y A LO LOCO. Y como jefe de la expedición, acepté encantado. 

Como todo esto sucedió en el curso de un solo día y hace de ello bastante tiempo (el 12 de abril del 2004) cojo el spypnic y voy para allá a hacer unas fotos desde el aire y situarme, porque nada me hace más feliz en estos tiempos que poner los lugares en su sitio. 

Justo en el límite de los Estados Unidos y México en la costa californiana, una extraordinaria bahía cerrada por la isla de Coronado dio lugar a la ciudad de San Diego, y en el punto amarillo que he puesto en el mapa, se construyó en 1888 (Merrit Reid y James Watson Reid, arqtos) uno de los hoteles más fabulosos y grandes del mundo para el turismo estival de entonces. 


Bajamos hasta el punto en cuestión y echamos un rápido vistazo al hotel...


... y volvemos a levantar vuelo para coger perspectiva y ver el lugar con la opción de edificios, que nos permite vislumbrar el downtown de San Diego y el elevado puente que permite el rápido acceso a Coronado y deja pasar los barcos de la Séptima Flota por debajo:


Viajamos ahora otro poco en el tiempo y volvemos a acercarnos al hotel desde el aire pero en 1927:


Aparte de su excelente ubicación (que nuestra maravillosa ley de costas no permitiría), lo más destacado del conjunto es ese pintoresco volumen cónico que articula la fachada de la entrada y la que da a la playa. 


Si aparte de los turistas de alto poder adquisitivo que ya atrae, también vienen a él visitantes esporádicos, es muy lógico que la primera impresión que uno obtenga es la de un eurodisney más:


Pero si uno va explorando uno a uno los detalles y paramentos del edificio y de todos sus añadidos posteriores, es posible que le encuentre el encanto de esas composiciones abiertas, pintorescas y frescas con que la arquitectura nos regala tan pocas veces. Repare con detenimiento el curioso lector en la disposición tan aleatoria de los huecos y dispóngase a disfrutar un rato:





 También entramos al lobby, y recuerdo que me llamó la atención la extraña decoración todo-en-madera como si fuera un hotel de montaña. No hice fotos, pero tomo prestada una que he encontrado en la red y que no sé que derechos de autor tendrá (la gente pone aún unas cosas muy raras sobre derechos de fotos que en estos tiempos de millones y millones de pixels y música de disparadores de cámaras suena como antidiluviano) pero que si su autor quiere que la quite, sin problema. 


Nada que ver con el exterior ni con el lobby de la película de Billy Wilder. Los directores de cine son unos cachondos, porque se pasan por el forro la arquitectura de los arquitectos haciendo los collages que les da la gana. 

Como mi mejor recuerdo del Hotel del Coronado es el de la sala de baile donde Marilyn cantó I WANNA BE LOVED BY YOU y en aquella visita no pudimos comprobar si Wilder había hecho con ella lo mismo que con el lobby he buscado alguna foto reciente y he encontrado esta birria:


Pero como este blogs va lugares memorables  y no quiero que nadie lo cierre con mal sabor de boca, ahí va la sala de baile que Willy Bilder le regaló en 1959 haciendo para siempre de este Hotel un edificio LHD:


Ah, y hablando de travesuras de directores de cine para con la arquitectura, no olvidar que Bilder también se lo llevó de San Diego y lo puso en Miami. 
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martes 25 de octubre de 2011

53. LUJUA. Vizcaya. España

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Hace unos años estuve en Lujua por algún compromiso familiar de mi mujer, y vi la que podría haber sido mi casa, la casa de mi vida. Así que sentí un cosquilleo especial y le hice esta foto. De esas dos casas gemelas, creo que era la de la derecha, que aún seguía medio abandonada. Pertenecía al Obispado (la foto está hecha desde el porche de la misma iglesia) y  traté de comprarla allá por el año 1977, cuando en España estábamos todos ilusionados con la democracia..., bueno, todos menos los vascos, que lo visto después, preferían ser nación antes que vivir en democracia y en paz. Los años siguientes a mi vano intento de compra (dos veces he tratado con la Iglesia para intentar comprarles una casa junto a una parroquia pero en eso de los negocios son... ¡de la piel del diablo!) fueron de continuos atentados terroristas y desilusión democrática, por lo que con el tiempo, me alegré mucho de que los curas hubieran sido tan perros y me impidieran echar raíces allí. 

Mi mujer había nacido en el mismo Lujua, en una casa de la carretera que he señalado con una flechita roja en el mapa que pongo aquí:


Y en aquellos años, apenas había media docena de casas en torno a la iglesia, y tenía todo un delicioso aire rural. El aeropuerto de Sondica sólo tenía una pista y los aviones no daban mucha guerra.

Sin embargo, cuando hice mi última visita a Lujua (que se había cambiado de nombre por Loiu / ¡vaya adelanto!) todos los alrededores de la iglesia estaban urbanizados, acerados, enfarolados y..."arrodeados" por adosados.


.. y como se puede ver en la foto anterior, la nueva pista del gran Sondika (ahora con K, claro) parece enchufar directamente al que pudo ser mi barrio..

Ya antes de aquellos años de ilusión, yo había empezado a pensar que Dios era un personaje literario y me había alejado de él; pero he de reconocer que, si es tan bueno como dicen algunos, en aquel pasaje de novela de mi vida estuvo muy cerca de mí.
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viernes 16 de septiembre de 2011

52. ALPINE OLD TAVERN, Benton County, Oregón, USA.

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Ya casi habíamos acabado nuestras vacaciones veraniegas en Eugene, Oregón, cuando nuestro vecino, y a la postre anfitrión, James Cloutier vino a casa para regalarnos un libro de fotos que había hecho como trabajo final de un master de fotografía en la Universidad de Oregón en 1968.


Con una maquetación muy cuidada al estilo de los clásicos libros de fotografía americanos de la época de la depresión, el libro contenía una serie de fotografías de gentes y edificios de un pequeño pueblo de Oregón de no más de doscientos habitantes, tomadas durante meses con mucha paciencia y, por lo que se puede apreciar en él, tras haberse ganado la confianza y el cariño de los vecinos.








El libro se editó diez años después y en ese corto periodo de tiempo, muchos de los edificios y personajes del libro habían ya desaparecido. Sin embargo, como James nos dijo que la taberna en donde había hecho la mayor parte de las fotos seguía tal cual, para allí que nos fuimos.

Cuando a pesar del nuevo porche la reconocimos y  frenamos, la dueña (o mesera) y un  parroquiano que estaban fumando un cigarro en la puerta (cosas de los nuevos tiempos), nos preguntaron si estábamos perdidos, pero nosotros les dijimos que no, que creíamos estar en el punto exacto que andábamos buscando. Entramos, la encontramos tal cual, con su barra a la izquierda, las mesas a la derecha, la mesa de billar al fondo..., y pedimos un par de Widmers.



Sobre la primera mesa vacía que se ve a la izquierda, estaba la foto que según nos había contado orgulloso James, le había comprado hace pocos años la Miller Beer para un anuncio de su cerveza.  James había estado apostado frente de la taberna captando una pequeña historia de amor y celos con beso incluido, y a los publicistas de la Miller les gustó mucho. ¡Y pagaron bien por ella!


Eso sí, le tuvieron que hacer un par de retoques de photoshop para cambiar los luminosos originales de la marca de la cerveza por los de la Miller.


Como no podía ser de otro modo, la mesera y el parroquiano pronto se hicieron buenos amigos nuestros y acabamos compartiendo un cigarro en la puerta y haciéndonos unas fotos con ellos.




Nos dijeron que seguramente éramos los primeros españoles que habían parado allí. Hace unos años creo que pararon unos daneses, -comentó él.
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