martes, 1 de septiembre de 2015

88. PERROS EN ATENAS



La tontuna de la actual Grecia o las comedias políticas y tragedias sociales en que parece haberse instalado su población (v. spyp 789) me han hecho recordar por contraste, uno de los detalles urbanos más entrañable de su capital, Atenas, y de todos los sitios que visitamos en nuestra estancia estival del 2012 en Grecia: que los perros aún vivían sueltos y a sus anchas en las ciudades.


Tomé conciencia de ello el día en que llegaron nuestras hijas. Después de haber estado cenando en Plaka, bajamos paseando hasta la plaza Sintagma para visitar uno de los más emblemáticos edificios de Atenas, el Hotel Grand Bretagna, en el que, según María Belmonte, se habían aposentado viejos espías, aristócratas, grandes escritores, poetas y toda la fauna importante que deseaba tocar de cerca la gloriosa antigüedad helena.


Yo llevaba en la cabeza todas las historias y fantasías que me había sugerido nuestra entusiasta informadora e hicimos lo posible por revivirlas en la imaginación entrando en su espacioso lobby.

Pero mira por dónde que, de la breve visita nocturna que hicimos a tan insigne hotel, lo que más me emocionó fue ver un perro suelto tranquilamente dormido encima de las escaleras (foto de arriba). Esas mismas escaleras y pilastras que vemos en esta otra foto tomada de internet.


Fue ese perro, dormido en tan suntuoso sitio, tan evocador de la libertad, que en vez de espías, aristócratas o grandes novelistas venidos del norte, me pareció haber visto allí durmiendo al propio Diógenes Laercio.


Como un asunto tan extraordinario no podía pasar desapercibido para las ingentes masas de urbanitas que aman a los perros y recogen sus cacas cada día por las calles de cualquier ciudad, hice una búsqueda en google imágenes poniendo DOGS y ATHENS y me salió, como no, la utilización de los perros, no como imagen del deambular de los sofistas, estoicos y escépticos, sino como protagonistas secundarios de las últimas representaciones del teatro político.


Y como internet tira más hacia los antisistema por ser una grieta en el mismo, la mayoría de la utilización de la imagen de los perros era, obviamente, para adscribirlos a su bando.


Aunque también hubiera alguno que desde lo alto de la escalinata mirase con pose aristotélica a todo ese coro popular que parece reivindicar la felicidad sin tener que estudiarla.


Utilizaciones teatrales aparte, las voces más sensatas contaban que lejos de jugar a actores o de sugerir a viejos filósofos dormitando, los perros sueltos de Grecia son un problema de dejadez social y abandono particular.

Ya es pena, porque la verdad es que para nosotros representó algo así como una vuelta al paraíso de mi pueblo, cuando los perros callejeaban a sus anchas y no se les ocurría ladrar por las noches a degüello como hacen ahora todos esos perros enjaulados junto a las casas. Celebrando su libertad en la ciudad, mientras duró nuestro viaje a Grecia les fui haciendo alguna que otra foto cariñosa:








No he leído LA CIUDAD Y LOS PERROS  de Vargas Llosa, pero tras otra pequeña investigación veo que sus perros también son metafóricos y que en vez de a filósofos escépticos, aluden a cadetes de tercer año. Una ciudad con perros sueltos, educados y tranquilos en vez de atados por una correa a sus amos merece un título como el del premio nóbel.

En fin, mientras sueño con ella y me recreo en los recuerdos, quede al menos para este blog el momento mágico de la foto que he puesto en el encabezamiento.