viernes, 1 de mayo de 2015

84. LA CATEDRAL DE LAON



"Dibujamos hasta las 6, hora en que cerraban la catedral de Noyon y continuamos ruta hasta Laon, donde instalamos las tiendas en el camping y subimos excitados hacia el pueblo atraídos por la grandiosidad de la catedral que habíamos visto desde más de quince kilómetros de distancia viniendo de Noyon en lo alto de la colina. Para nuestra sorpresa no sólo la vimos por fuera sino también por dentro con las últimas luces de la tarde. 



Me sorprendió la planta, tan extensa y diríase descontrolada, con una cabecera casi tan larga como los pies y sin girola; me impresionó su grandiosidad y unidad, la elevación del crucero, la anchura de la nave central, el sabor tardo románico de sus elementos y la extraordinaria belleza exterior con sus cuatro torres "etéreas" -como dijo Rosalía para nuestro regocijo y aplauso-, 



 y me gustó mucho también esa fachada donde nada es plano pues cada elemento entra y sale de la misma en un espléndido juego volumétrico. 




Cenamos una ensalada en la terraza de un agradable bar junto al ayuntamiento y dimos un paseo nocturno por el exterior de la muralla y las terrazas de la catedral admirando el panorama sobre la región de Picardía, oyendo ruidos que parecían de las calles de cualquier pueblo sencillo, deteniéndonos finalmente bajo la poderosa fachada iluminada tan solo por las farolas del pueblo y la luz de la luna".



Hasta ahí mis apuntes del día 31 de julio del 2001 cuando visité en compañía de Rosalía y mis hijas por primera y única vez la catedral de Laon.

Pero antes de esta visita presencial, ya había estado yo de una forma muy emotiva en la catedral de Laon y me extraña que no lo hiciera notar en los apuntes de ese día: fue meses atrás leyendo RADIACIONES, las memorias de Ernst Jünger en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial:

"Hacia el mediodía hemos salido hacia Laon; la ciudad alzada en lo alto de una colina, se divisa desde lejos. Yo estuve en Laon algún tiempo en 1917; perdura en mi recuerdo como una ciudadela avanzada del espíritu latino y no creo que ese sentimiento me engañe. La atmósfera que flota en torno a los santuarios antiquísimos es algo que se huele" -escribía Jünger el 7 de junio de 1940 en pleno avance alemán hacia París. "Mientras escribo estas líneas -concluía las notas de ese día-, estoy sentado en la terraza (...) y nos llegan los ruidos provocados por los juegos de las artillerías; es una lenta acumulación de impactos, parecida a montañas que se derrumbasen. Las artillerías están manteniendo entre ellas una charla terrible. Si uno la oye tal como yo la oigo hoy, sabe que entre los seres humanos se interpone una frontera de la palabra, y ello aunque hablasen con lenguas de ángeles. Entonces se alzan estas voces de metal y fuego, pensadas para infundir miedo -y los corazones, ciertamente, son escudriñados a fondo".

El capitán Jünger estaría con sus tropas hasta el 16 de junio en que salieron en camiones hacia Soissons. El 10 de junio escribe que durante esos días: "se me confió a mi cuidar de la parte alta de la ciudad, en especial de la ciudadela, el museo y la catedral". En la primera visita puso especial atención en el nutrido zoológico en piedra que contenía.


El 11 de junio anotó: "De nuevo en la catedral. Esta vez he estado primero en las criptas, que se prolongan en lo hondo con bosques subterráneos de columnas y acaban perdiéndose en cavernas. Luego, en las escaleras de caracol de las torres laterales y en las tribunas, desde lo alto de las cuales descubre la vista secretos y más secretos. 



"en este recorrido me ha impresionado ante todo la implacable solidez de la obra que hace impensable una ejecución mejor que la que tiene. A ello se añade la temible fuerza del plan, que, hallándose él mismo casi fuera del tiempo, somete a servidumbre a generaciones enteras. En una de las tribunas encontré un diminuto murciélago reseco; me lo he guardado como recuerdo. Una vez más, en las torres, para realizar estudios de demonología". 



Apenas hice fotos en la visita a la catedral y las que hizo Rosalía con aquellas primitiva SONY digital de diskettes no tienen calidad alguna. Pero internet está lleno de fotos de la catedral de Laon y si sus autores no se molestan por darles nuevo uso en este blog, les estaré muy agradecido.


En aquellos días estaba yo más interesado en una visita espiritual que fotográfica. Tenía para mí que la palabra era una herramienta más poderosa que las cámaras de fotos para mirar y aprender de los edificios. Empezaba justo entonces la era de la foto digital que ha multiplicado por millones la captura de imágenes de cualquier edificio o cosa.


Con tanta foto a nuestro alcance parece como si las grandes catedrales ya no tuvieran secretos para cualquiera que se quiera asomar a verlas.


El 12 de junio de 1940 cuenta Jünger que por la mañana tuvo que hacerse cargo de setecientos prisioneros a los que acomodó en la ciudadela cercana a la cabecera de la catedral mediante la estructuración de una jerarquía interna militar de los propios prisioneros y sin más ayuda que un centinela. "Antes de quedarme dormido -acaba las notas de ese día- estuve meditando una vez más en las disposiciones que por el día había adoptado, sobre todo en las concernientes a los prisioneros. El que estas me saliesen tan bien debíase seguramente a un momento de buen humor. Con todo, también en ellas hay un goce espiritual. En ciertas encrucijadas podrían aparecérsenos Belona y Atena, la primera con la promesa de enseñarnos el arte de guiar veinte regimientos (...) mientras que la segunda nos prometía el don de juntar veinte palabras de manera que formasen una frase perfecta. Y pudiera ser que escogiésemos el segundo de los laureles". 



Puede que el orden de una catedral (su secreto) dependa de ese "plan fuera del tiempo" que compromete a varias generaciones; o puede que tenga que ver la "jerarquía militar" de todos sus elementos; o con la perfección de juntar veinte "palabras" distintas. Cada cual verá la catedral de Laon como quiera. Aunque lo más probable es que en estos tiempos lo haga ya, no con un libro bajo el brazo, sino con una cámara fotográfica a cuestas.

Fotos de Andy Malengier, Francoise Pitrou, Igor Ger, JC Gorniak, mladenipBG y Pierrot 56 y una mía (la de las torres).