viernes, 29 de octubre de 2010

40. LA CASA FAMILIAR EN ANGUCIANA, La Rioja.

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No me urgía traer aquí, entre las casas de mi vida, la casa familiar de Anguciana, porque la tenía por un valor seguro e imperecedero. Pero como habrá podido ver el lector de Cascotes, el asedio a que ha sido sometida últimamente por el “diseño” de los alrededores (ingeniería de tráfico en la carretera, y pavimentación y mobiliario de arquitectos en la nueva plaza, Cascotes 146 y 155) me ha hecho pensar mucho en ella, seguramente porque lo mejor de esa casa era su ubicación, es decir, “sus alrededores”.

Aunque ahora todos la tengan por la casa de los Diez del Corral en Anguciana, nada más falso porque la casa era de los Angulo, concretamente de una hermana soltera de mi abuela, Milagros Angulo, y según tengo oído, debió de ser su padre, Ricardo Angulo, quien le dio el empaque con que ha llegado a nuestros días a base de unir dos o tres viejas casas rurales, regularizar la posición de sus tres balcones a la plaza y construir una gran galería al sur. Cuando yo era un renacuajo, la solterona tía Milagros moraba en solitario en esa inmensidad de habitaciones acompañada por su sobrina y hermana de mi padre, Pilar Diez del Corral Angulo, también soltera, quien a la postre heredaría la casa. La tendencia de mi pade a no perder las raíces con su pueblo fue lo que hizo que poco a poco fuéramos entrando nosotros a habitar esa casa, bien pasando los veranos con las dos tías, o como en mi caso, quedándome en solitario o con algún otro hermano a pasar los inviernos y estudiar así mis primeras letras en la escuela del pueblo.

Pero vinculaciones familiares aparte, lo que me interesa ahora es mirarla con “ojos de arquitecto” para descubrir todos esos valores que ahora ignoran o desprecian “los arquitectos”. Y como por razones obvias no voy a descubrir su interior más que a rasgos generales, la mirada que quisiera compartir con los amantes de la arquitectura que aquí vienen, es la del exterior, y hacerlo en un doble sentido: en la forma en que se ve la casa desde el pueblo y en la forma en que se ve el pueblo desde la casa. Es decir, la enorme sensación de presencia y de vida en el pueblo que posee esa casa.


Sin ser gran cosa, la fachada es como un orgulloso esfuerzo de poner orden y geometría donde no lo había. Y esa es para mí, o esa ha sido siempre para mí, la arquitectura, la gran arquitectura.

Por dentro las cosas no son tan claras porque no hay ni una habitación que tenga los ángulos rectos. Escandalizado hace muchos años porque siendo arquitecto yo no hubiera levantado una planta fidedigna de la misma, me puse a ello, y tengo que confesar que ante las irregularidades de las cotas acabé por desistir. La única medida que en verdad me interesó es la de las alturas de los techos, inusualmente baja en sus dos plantas vivideras (se toca el techo con la mano), y similares por tanto a las casas de Wright o Le Corbusier. La planta baja, donde estaban el granero y las cuadras, o la planta bajocubierta, caótico desván, tienen alturas superiores, cumpliéndose así el pattern (Alexander) de “variedad en la altura de techos”


Otro gran gesto de ordenación arquitectónica por parte de su artífice fue la construcción de la doble galería al sur, verdadero captador de energía solar para caldear la casa (¡ahora se diría que sostenible!).

De esa galería ya hablé y puse una foto en el LHD a propósito de la ilustración del pattern “sol dentro”  donde también apunté que, sin embargo, el constructor se quedó un poco corto en la anchura de la misma no llegando al pattern que propone Alexander para las así llamadas “habitaciones exteriores”. La galería de la casa de los Medranos en Anguciana tenía una anchura mucho más útil y la de mi casa en Logroño (foto en la mencionada entrada del LHD) también.



Bien como captador de sol, pero floja como habitación exterior, lo mejor de la galería es su presencia en el jardín. Porque esa es otra pieza maestra de la arquitectura de esa casa, el jardín de “tapias altas” (otro de mis patterns favoritos de Alexander).

Hace unos cuantos años leí en alguna estúpida normativa urbanística redactada por arquitectos la expresa prohibición de hacer jardines con tapias altas. Menuda memez. Seguro que quien redactó esa normativa no había estado jamás en un lugar como el jardín de mi casa de Anguciana, un verdadero oasis en el mismo centro del pueblo gracias también a la colaboración jardinera de mi padre que cuando empezó a coger las riendas de la casa le dio sombra con tres hermosas acacias y lo forró de enredaderas.




Otro de los patterns de que hizo gala en su día fue el de “banco a la entrada de la casa”, en concreto, bancos, dos, por aquello del empaque geométrico.


Desaparecieron con un arreglo de la fachada y con las posteriores aceras de la plaza. Pero quién iba a imaginar a dónde iríamos a parar en esto de los bancos... (v. Cascote 155)

Pero vayamos ya a las vistas desde la casa porque es gracias a ellas donde se siente verdaderamente la presencia del pueblo en su interior. Sus seis balcones, abiertos a la zona triangular de la plaza siempre la han mirado como de soslayo y por eso el foco de atención de la fachada norte siempre tira a lo alto del campanario de la iglesia, y en concreto a la contemplación del nido de las cigüeñas.



Y ya que traigo otra vez a colación la presencia de los animales en la vida del pueblo, no está de menos contar que desde siempre las abejas han elegido uno de los balcones centrales de nuestra casa para enjambrar, y que ahí siguen:


El lateral izquierdo de la casa (según se mira de frente) posee unas medias ventanas que se abren al que fuera uno de los puntos más singulares y lleno de vida del pueblo, el desaparecido badén, lugar que mereció por ello una entrada propia en el blog de Anguciana. Y esta es la vista que puse allí.



Pero la vista más secreta y oculta que se tiene desde la casa, es la que ofrece un ventanuco del desván abierto a un patio situado en su medianil oeste. Como es la habitación más escondida de la casa, siempre fue mi preferida para refugiarme allí a leer y, de paso, a contemplar casi a hurtadillas, las almenas de la que durante un par de generaciones fuera, en efecto, la casa de los Diez del Corral cuando el bisabuelo Justo se casó con la señora del Castillo, doña Pilar Blanco de Salcedo.


Bueno, seguro que me dejo en el tintero un montón de cosas, pero nada me apetece más: pues si hay un pattern que verdaderamente me gusta en materia de arquitectura y que se cumple a la perfección en la casa de Anguciana, es el de ser una casa con innumerables cosas que contar, Una casa siempre “con misterios”.


martes, 13 de julio de 2010

39. EL PUENTE DE BROOKLYN. Nueva York.

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La reciente (y milagrosa) publicación en Logroño de El Mito de la Máquina de Lewis Mumford (ed. Pepitas de Calabaza) y el anuncio de la editorial de que también prepara la reedición de El Pentágono del Poder y La Ciudad en la Historia me han hecho revolver entre mis primeros cuadernos de notas de lecturas de arquitectura para reencontrarme con el libro a través del cual conocí a Lewis Mumford: “Las décadas oscuras”.

Transcribo aquellas notas de 1972 porque el ejemplar que leí era de la biblioteca de la Escuela: “Estudia el desarrollo de la Historia de la Arquitectura y las artes visuales en Estados Unidos durante el periodo que va desde 1865 a 1895. Mumford estructura su libro presentando distintas facetas de la cultura americana en el transcurso de estos años. Comienza con un panorama general donde analiza el momento histórico de Estados Unidos posterior a la Guerra Civil, las consecuencias de la misma y el estado social y psicológico en que la población desarrollaba sus distintas actividades, época que denomina “las décadas oscuras”, o bien el “renacimiento enterrado” por la cita de Aguste Rodin: “América ha tenido un Renacimiento y no se ha dado cuenta”.

Pero la cita que mejor expresa ese momento histórico es de Emerson: “Esperábamos que en la paz, después de semejante guerra, se produciría una gran expansión espiritual del país, grandes perspectivas en toda dirección, verdadera libertad en materia de política, de religión, de ciencia social, de pensamiento. Pero la energía de la nación parece haberse agotado en la guerra. Es la antigua historia. Y es que después de una guerra no hay juventud”.

Aparte de las notas escritas, de ese libro me habían quedado en la memoria tan sólo un par de vivos recuerdos: el de una perla del propio Mumford que casi sabría decir de memoria pero que gracias a esas notas puedo transcribir fielmente: “El axioma más corriente de la historia es que cada generación se rebela contra sus padres y hace amistad con sus abuelos”; y la narración en tono épico de la construcción del puente de Brooklyn por John A. Roebling y su hijo Washington A. Roebling.

No tengo el libro a mano y me temo que estará descatalogado pero muy a gusto lo releería ahora para ilustrar otro par de fotos e incluso una ilustración que pongo aquí bajadas de internet de entre las muchísimas y bellísimas que se le han hecho.





Más en falta eché tener el libro en mis manos las dos veces que lo visité, una en 1990, de la que es muestra esta foto:



y otra en el 2003, algo más acompañado:



Recuerdo ahora aquel dicho de Borges celebrando a las ciudades que habían sido cantadas por un gran poeta o referidas por un gran verso. En el caso de los edificios es bastante más difícil encontrar un poeta o un buen verso y en la mayor parte de las visitas nos tenemos que conformar con los elementales datos de las guías. Pero hay lugares con suerte que tienen un gran texto detrás y que es imperdonable no leer. Y uno de ellos es el Puente de Brooklyn y la narración épica de su construcción en “las décadas oscuras” por Lewis Mumford.



(Una recomendación turística para acabar: si visitáis el puente sin tener fresca esta lectura y queréis consolaros, o si lo visitáis con ella y queréis celebrarlo de veras, no dejéis de ir a cenar al River Café, restaurante sobre el East River estratégicamente situado debajo del puente en el lado de Brooklyn. La vista nocturna desde allí es conmovedora, y esta foto encontrada en internet es una muestra:)

jueves, 8 de julio de 2010

38. RESTAURANTES CON FOTO DE EQUIPO

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A principios del mes pasado, Klaus Peter Goebel, director de la Architektur Inner Schüle de Stuttgart, que compartía jurado conmigo en París, me llevó a cenar a un sitio al que por lo visto le tenía cierto cariño.



La cena estuvo muy bien, el vino de la zona de Marsella, interesante, la conversación amenísima y los saludos con los comensales de las mesas vecinas (muy propio entre extranjeros en París) divertidísimos. Tras pagar la cuenta, Klaus me dio la tarjeta del restaurante que mostraba un par de fotos del grupo humano –cocineros, camareros, dueños, etc.- en dos momentos muy alejados de su historia.

La tarjeta me recordó la primera vez que vi algo así. Fue tras una alegre cena en la bonita localidad turística de Lindau, en el lado alemán del lago Constanza (Bodensee).



Viajábamos entonces con las hijas y con amigos de Logroño en plan muy económico, por lo que cenar por poco dinero en un restaurante que ofrecía una tarjeta con la foto del grupo humano que lo llevaba me pareció todo un lujo.



Que un lugar se represente no por las fotos o planos sino por la gente que lo mantiene con vida y da servicio es toda una lección para un arquitecto. Y por eso les doy a ambos los cinco tenedores LHD.

Dejo aquí puestas las localizaciones por si pasáis cerca y os apetece comer en ellos.

El Petit St Benoit está en el número 4 de la calle del mismo nombre, calle que arranca junto a la iglesia de St Germain des Pres. La zona, por otra parte, es animadísima.




El Alte Post de Lindau está en la Fisherstrasse 3, a un paso de la Marktplatz. Veo ahora en Google Earth que es el restaurante de un Hotel (el Gasthof), pero por el recuerdo que tengo y otras experiencias de restaurantes de hoteles en Alemania puedo asegurar que es algo que no tiene las connotaciones negativas de aquí.




Buen provecho.

martes, 29 de junio de 2010

37. LA ESTACION DE FERROCARRIL DE LOGROÑO.

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La van a tirar durante este verano. Esta vez son los social-regionalistas.

Ya escribí que el huevo frito ajardinado que construirán en su lugar no le llega ni a la suela del zapato (EL MEJOR Y DE LARGO). Y eso duele mucho más que el derribo.

Del dolor en esa estación podría escribir alguna cosa que me haría llorar. La dejo muy dentro de mí y cuento en cambio que cuando el verano pasado Javier Fernández de Castro me pidió que le diera algún dato sobre ella para un libro que le había encargado ADIF (sobre estaciones a derribar, supongo) se me olvidó contarle que uno de los mejores recuerdos que tengo de ella fue el recibimiento que mi mujer, mis hijas y yo (2 clarinetes, saxo y tuba) le hicimos a José Angel González Sainz tocando el Washington Post a su llegada a Logroño. No recuerdo la fecha (ese día no hubo fotos, que bastante teníamos con sujetar los instrumentos) pero creo que fue a finales de los noventa.

 

 


Pongo en compensación una foto de José Angel, que aunque tomada en internet, me permite recordarle con el mismo gesto con que esperó a que acabáramos la pieza musical: serio y de pie ante nosotros mientras se iba su tren con el revisor mirándonos atónito desde una de sus escaleras y con la puerta abierta.


Y por supuesto, pongo también aquí el Washington Post en una versión algo más académica que la nuestra, pero que vale para despedir, con todo mi cariño y todos los honores, a la propia estación:


   



Digamos de paso que la hizo el arquitecto local José María Carreras Castellet entre 1947 y 1958.

martes, 22 de junio de 2010

36. LA CASA STEINER, Adolf Loos, 1910. Viena, Austria.

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Según avanza este blog veo que la selección que voy haciendo de los edificios que pongo en él tiene más que ver con mi biografía personal que con motivos meramente arquitectónicos. Algunas veces, como es el caso de hoy, la casa está sobradamente incluida en la Historia de la Arquitectura, pero eso no es lo importante aquí. O lo decisivo. Cuando empezaron a popularizarse los blogs se decía de ellos que eran “diarios personales” abiertos al público. Yo no los consideré así y empecé a usarlos para expresar lo que no me dejaban decir en las publicaciones de papel, y aunque el alcance de un blog sea inmensamente superior al de una publicación tradicional, -¡pues llega a todos los rincones del mundo!-, la propia entropía de la red hace que no sea apenas distinguible de la última chorrada escrita por un alumno de cualquier escuela de arquitectura. Si pones en Google “Casa Steiner” sale un montón de articulillos tópicos o pretenciosos (A, B, C;...) que desanima a poner nada junto a ellos. Aunque más que un “diario”, esto empieza a tener pinta de convertirse en un “cajón de recuerdos”. Lo advierto para que nadie siga leyendo si lo que espera es ampliar su acerbo cultural o arquitectónico.

Bueno, dicho esto, lo que me apetece contar de la Casa Steiner son las anécdotas de las dos veces que la he visitado, seguramente irrelevantes, pero cuando menos curiosas.

La primera de esas visitas fue durante el Viaje de Fin de Carrera de la 100 promoción de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, a la que casualmente me tocó pertenecer. Fue un viaje que nos llevó a Zurich, Praga, Viena y Munich durante el mes de octubre de 1975. Mi amigo Tachi conducía a un grupito de viajeros, llevaba las guías de arquitectura y nos hacía andar desde el punto de la mañana hasta que se acababa el día viendo un edificio tras otro. Yo por aquel entonces tenía una empanada enorme de información, ora política, ora arquitectónica, ora contracultural, por lo que prefería dejarme llevar y lo mismo me daba ver un Loos, un Hoffman, la catedral gótica o un emergente Hollein. Sacaba mi nueva Práktica comprada con los dividendos que me dio un error de cambio de moneda entre Checoslovaquia y Austria, hacía unas fotos, y a otra cosa (u otra casa).

De muchas de aquellas visitas no me queda sino el testimonio de unos negativos que nunca llegué a revelar (!!!) porque por aquel entonces me entró también la afición a positivarlos por mí mismo y la tarea se me amontonó con la mili, el final de carrera, la novia, etc. Sin embargo, recuerdo muy bien la llegada de nuestro grupito a la Casa Steiner porque nadie daba crédito a lo que veía: Tachi ¿seguro que es el 10 de la St Veit-Gasse? Y es que lo que nos encontramos fue exactamente esto:



La foto no es mía (creo que nadie se atrevió a montar la cámara al ver aquella simpleza) sino que la he encontrado en internet. Los entendidos miraron por el lateral y lo aseveraron, era ahí, así que llamamos al timbre y nos abrió una señora mayor muy amable que nos dejó entrar como si fuéramos gente importante. Nos pasó al jardín, y a la vista del notable parecido de la casa con las fotos de los libros de Historia, sacamos decididamente nuestras cámaras y nos pusimos a la tarea no sin reparar en la insultante pintura decorativa aplicada a la obra del autor de “Ornamento y Delito”, y lo más ingenuo y divertido de todo, tratando de encuadrar las fotos con unas hojas delante para que disimularan la alteración de la cubierta de la fachada.



Recuerdo que la fachada frontal al jardín era tan desnuda que me causó espanto, pero como era Historia, amigo mío, ahí le hice otra foto.



Sólo ahora me atrevo ampliar y a corregir la perspectiva para mostrar la pintura decorativa de la fachada lateral que muestra (o mostraba) a una señora con un cuerno de la abundancia y una especie de copón encima de la cabeza de misteriosa iconología.



Y aquí viene el quid de esta historia. Una vez que hicimos las fotos en el jardín la buena señora nos hizo pasar al salón de la planta principal para que firmáramos en un libro de visitas donde vimos con emoción los nombres de algunos arquitectos famosos que nos habían antecedido. El pecho se nos llenó de orgullo, claro, pero mientras firmábamos todos en el libro, echó mano de un periódico y acertamos a entender que nos decía algo así como “¿saben Vds que se está muriendo Franco?” ¿¿¿¿¿¿¿Qué???????? respondimos todos a la vez. Sí, sí, miren, miren: y pudimos ver una pequeña noticia donde en efecto acertamos a entender algo de pulmonen artificialen, flebitis, muy grave, y yo que sé.

La fecha exacta, 20 de octubre de 1975.

Aún llegaríamos a España y Franco seguía vivo y en manos del “equipo médico habitual” pero está claro que aquella amable señora o quizás aquella otra de la pintura del cuerno de la abundancia, nos habían señalado para siempre uno de los puntos de inflexión más importantes de nuestra vida.

Veintitantos años después y disfrutando de los bienes de aquel cuerno, es decir, los de nuestra democracia y crecimiento económico posterior a la crisis de los setenta, pasamos un verano en una casa de la calle Preindlgasse de Viena a tan sólo 500 metros de la Casa Steiner.



Al primer o segundo día de estar allí, fui corriendo a visitarla de nuevo con la idea, más que nada, de ver si aún estaría aquel libro de visitas y leer lo que pudimos escribir en él mientras la señora nos daba aquella tremenda noticia. Pero no hubo suerte. La casa estuvo cerrada durante toda nuestra estancia en Viena. Y además, tampoco era la misma. Una profunda restauración la había devuelto a las formas originales y la pintura del lateral de la casa había desaparecido. Esta es la única foto que hice en la puerta de entrada con Rosalía, Elena y Teresa posando:



En internet he encontrado esta otra, que da un poco más idea del volumen de la fachada:



Documentación de las plantas y fotos antiguas de la casa hay por doquier, aunque casi siempre las mismas que pueden encontrarse en los libros.

Curioso es que los aficionados al Sketch Up aún no se han interesado en ella, mientras que muchas otras casas de los alrededores están ya colocadas en Google Earth con su volumetría y fotos de fachadas.



En fin, después de tan curiosas anécdotas sólo me queda invitar a los amables lectores que hayan llegado hasta aquí, a pasar y sentarse un rato en ese estupendo lugar ventana, para descansar de las emociones que esta casa mueve en mí y contemplar la sencillez rústica de su (antigua) “decoración”.

 

jueves, 17 de junio de 2010

35. SAN BAUDELIO DE BERLANGA, Soria, España

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En tiempos de barbarie, el espíritu busca refugio en el campo, o mejor, en el desierto.




Pero como la arquitectura es obra del espíritu, es lógico y entendible que los eremitas se llevaran la columna consigo convirtiéndose en “estilitas”. Y que cuando necesitaran el abrigo de un espacio, metieran su columna al interior. San Baudelio de Berlanga es el santuario donde confluyen esas pocas pero profundas sugerencias circunstanciales y espirituales.



No creo que pueda decir nada mejor sobre esa pequeña ermita que lo que escribí en el MANUAL DE CRITICA DE LA ARQUITECTURA, al final del cap 4, pag 156 –158 ni creo que pueda volver a visitarla como lo hice con mi mujer y mis hijas en julio de 1998.



Acababa de comprarme una de las primeras cámaras digitales, una SONY que almacenaba las imágenes en aquellos viejos diskettes cuadrados, por lo que la resolución de las fotos es lamentable. Pero además hice muy pocas, porque durante las primeras visitas a un lugar suelo estar ocupado en otras cosas. Las pongo más que nada como testimonio de la imposibilidad de ver la ermita como la vimos entonces, pues en las fotos que he encontrado en Google Earth-Panoramio he visto que la han “restaurado” con la aguda técnica nacional que se emplea por estos pagos, es decir, dejándola como nueva, con vallas por un lado y rampas para minusválidos por el otro. Tremendo, tremendo.

En alusión a su carácter industrial, a lo casposo de los visitantes, y a lo nuevecito que dejan todo nuestros arquitectos restauradores, siempre que hago turismo por España suelo referir mis incursiones como aventuras de TURISMO INTERIOR BRUTO.

De todos modos, aunque cuando la vimos estaba todavía con la pátina del tiempo, tampoco en aquella ocasión la visita fue idílica. Esta es la escueta anotación que tengo en mi diario:

“5 julio 1998, domingo: visitamos la tan deseada ermita de San Baudelio. Hacía bochorno, un par de familias con viejos y niños gritones alborotaban el lugar y el portero era un listillo. Aún así la fuerza de la originalidad y nuestro deseo místico consiguieron abrirse camino”.

Y estas son las fotos que he encontrado hoy en Panoramio. Las pondría gustosamente en Cascotes si no fuera por mi veneración al lugar.

Raspado de la pátina del tiempo en la piedra, rampa para el carrito de San Baudelio y escalera puente



Icono de prohibición de subir por las escaleras a juego con las pinturas



El obligado extintor tras la puerta por si uno arde en la fé



Vallas metálicas para que no suban los niños por donde no deben y puedan molestar a San Baudelio



Y las pinturas, claro está, restauradas con más color que en los dibujos animados

Moneo, tú que dijiste en un suplemento dominical (con toda la razón y sabiduría del mundo) que este edificio era el segundo más importante de España después de el Escorial, ¿no tienes ahora nada que decir desde lo alto de tu columna Pritzker? Hay que joderse...

Es que ya no puede uno ni huir al desierto.


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11 de marzo del 2015. Recibo una amable y elegante carta del restaurador de las pinturas Pablo Bernabé que me corrige en lo referente a las mismas. Yo creía que en la era de internet la amabilidad y la elegancia habían desaparecido para siempre, pero veo que también me equivoco en eso. Entiendo muy poco de restauración de pinturas antiguas pero sabiendo que las ha hecho alguien que responde a mis improperios con tan buen estilo, me quedo mucho más tranquilo y creo de justicia hacer pública su carta:


Hola Juan,
te escribo porque casualmente he llegado a tu blog trasteando por la red leyendo sobre San Baudelio de Berlanga.

Me presentaré. Me llamo Pablo, y soy historiador del arte y restaurador de bienes culturales.
Tengo ya muchos años de experiencia, y allá por el año 2001 (creo recordar) tuve la fortuna de participar en lo que ha sido la obra más maravillosa a la que he tenido acceso como restaurador.
Unos años antes trabajé como becario en la fase previa de preparación del soporte de las pinturas arrancadas de San Baudelio, que estaban en el IPHE de entonces, en Madrid. Posteriormente, como te comentaba, comencé a trabajar en Coresal, que fue la empresa (ya no existe a día de hoy) que se encargó de volver a colocar las pinturas en sus lugares originales.
Dicho esto, debo coincidir contigo en que actualmente hay una serie de elementos que afean notablemente el edificio, tanto interior como exteriormente, y que tú señalas con acierto en tu blog. La rampa, la señaletica, el extintor, las vallas, etc.
Yo también conocí el templo antes de su intervención, y si bien tenía el encanto decadente de la ruina y de los lugares semi-abandonados, también es cierto que estaba hecho una pena y que si no se actuaba sobre él podía incluso perderse.
Ya no recuerdo quien llevaba la dirección de la obra, que se hacía conjunta desde la Junta y desde el IPHE, y si a ellos correspondía la decisión de la rampa, etc... en cumplimiento de alguna ley de accesibilidad, pero el lugar es tan mágico y especial, que si esa rampa horrible sirve para que gente que de otro modo no podría acceder al interior acceda, bienvenida sea y que todo el mundo que pueda disfrute de la atmósfera inigualable que allí se percibe.
Una cosa más, y perdona si te doy la lata mucho, pero por lo que realmente te escribía es porque creo que no tienes razón cuando dices que la restauración de las pinturas las deja con más color que los dibujos animados. Nada más incierto que eso. Las pinturas fueron arrancadas a strappo y lo que quedó en las paredes fue una leve impronta que por su técnica al fresco no se puede sacar de esa capa de muro que queda. La foto de tu blog creo que tiene bastante subida la saturación de los colores para conseguir un efecto de destacado de los mismos.
Los colores de las pinturas son los originales y no se les hizo nada para saturarlos o subirles el tono. Te aseguro que la reintegración cromática de las lagunas es de las más respetuosas que he hecho y visto, siendo a base de regatinos, incluso a 5 o 6 metros de altura. 
Además, se dejó la iglesia sin iluminación artificial, para intentar mantener la sensación original de recogimiento e iluminación con la luz que entra únicamente por las puertas y los pequeños vanos.
Si estás interesado en profundizar más en este tema no dudes en preguntarme y yo te cuento lo que se que se hizo y como se hizo.
Un saludo,
pablo