sábado, 12 de mayo de 2012
60. COBIJO
Este año me he tomado la molestia (o el placer) de dejar escritas unas notas sobre las clases que doy a los alumnos del primer curso de Proyectos de Diseño de Interiores de la Escuela de Diseño de La Rioja.
Cuando decidí hacerme profesor, a finales de los ochenta, mi modelo de clase era aún la "lección magistral", una puesta en escena de larga duración que me había fascinado en los años de mi formación universitaria, pero que con el advenimiento de la era del "hombre mosquito" (y ya no digamos con la llegada de la comunicación twitt) carecía de sentido. Mis clases se fueron haciendo cada vez más pequeñas hasta llegar a un formato que poco más o menos coincide con el de la entrada de un blog. De ahí que durante este curso haya podido realizar sin dificultad alguna el traspaso de algunos de sus contenidos a un blog, que no sé muy bien por qué coloqué en la familia sPyP en vez de en esta de LHD, donde realmente debería estar. Pero como ya es tarde para cambiar el blog de un lado para otro, con dejar aquí la referencia y el enlace,creo que es suficiente. El blog se llama PEQUEÑAS LECCIONES DE DISEÑO, tiene ya 54 entradas, y como se está acabando este curso no creo que escriba muchas más hasta el próximo mes de septiembre. Pero como digo, no es más que un pequeño cuaderno de apuntes desordenado.
En la última lección, llamada BIODISEÑO, dediqué brevemente un segundo apartado a las ideas de retorno a la naturaleza que surgieron con los movimientos contraculturales de finales de los sesenta para anunciar la que será mi última clase de este año: la presentación de la obra de Christopher Alexander como mejor cristalización teórica de aquellos movimientos. Pero en mi biblioteca hay muchas más cosas sobre ese punto de inflexión en el modo de ver la arquitectura y el medio ambiente, y uno de mis libros más queridos es este COBIJO editado en España por H Blume en 1979, cuya portada he puesto arriba.
Se trata de un compendio de las construcciones más primarias de la humanidad, desde las yurtas a los palafitos, de los carromatos nómadas a las casas barco, que cambia su enfoque hacia las formas o los materiales y que finalmente desemboca en una muestra de las construcciones que levantaron las comunas hippies a lo largo y ancho de la geografía norteamericana. Como obra colectiva que es, tiene aún más desorden que mis notas de clase, y cada página es como un condensado que merecería un libro, aunque finalmente a lo que más se me asemejan es a una entrada de blog.
De todas las páginas de ese libro, la que más he leído sin lugar a dudas, es la última, y como no es muy larga me apetece copiarla aquí como tema central de este 60 edificioLHD.
Lleva por ilustración esta foto, y el texto dice así:
"En noviembre de 1972 hicimos un viaje de diez días por el Suoeste tomando fotos para este libro. Visitamos docenas de casas, cúpulas y zomos, cientos de personas y tiramos más de 50 rollos de película (sobre todo en Nuevo Méjico y Colorado). De camino a casa tomamos la Autopista 50 a través de Nevada. Esta vía pasa por una serie de puertos de montaña que descienden a lo que parecen ser lechos de lagos prehistóricos. Nieve sobre la arena y la artemisa, aire limpio, sol brillante, colores intensos. Cada vez que coronábamos uno de estos puertos de montaña podíamos divisar delante 50 kilómetros de carretera despejada. Ni un coche a la vista.
Mientras descendíamos al cuarto lecho de lago divisamos ante nosotros, en la carretera, una figura solitaria. Al pasarla nos volvimos para ver su cara. Jack dijo, "creo que..." al mismo tiempo que yo ya estaba pisando el freno. Dando la vuelta fuimos a decir a Armand Basset si quería que lo llevásemos:
No, nunca dejo que me lleven.
¿Comida? Envases tirados junto a la carretera. Los hay de toda clase de cosas. Acabo de encontrar algo de chocolate con leche, bastante para llenarme los dientes. Disfruto todo lo que encuentro. ¿Tenéis mantequilla de cacahuete? Me encanta la mantequilla de cacahuete.
¿Cuánto tiempo llevas caminando?
Unos diez años. Hace algunos años no tuve nada mejor que hacer. Calculo haber andado el equivalente a seis veces la vuelta al mundo.
¿Dónde duermes? (temperatura de -7ºC por las noches)
Bueno, a veces hace verdaderamente frío. Las dos últimas noches fueron muy frías. Pero generalmente está bien... generalmente está bien...
Fíjate en la diferencia en nuestra forma de viajar. Tenemos el coche, sacos de dormir, comida, dinero; y tú llevas todo en esa bolsa...
Estamos igual. Vosotros vais de camino, yo voy de camino... Bien, gracias por la mantequilla de cacahuete. Hoy es un día realmente bueno. He pasado un par de días malos pero voy a seguir para adelante, ya hace sol y voy a disfrutarlo...
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lunes, 30 de abril de 2012
59. LAS TERMAS DE VALS. SUIZA.
Hace unos días encontré por casualidad en internet la referencia a una nota que escribí sobre Peter Zumthor para la revista Diseño Interior. Ahora que recuerdo fue un "encargo" (!). Querían hacer algo así como un pequeño dossier de cinco o diez arquitectos de moda y me pidieron que eligiera uno. Fue por el año 2000. Lo transcribo tal cual lo encuentro en el disco duro.
ZUMTHOR, O LA ESPERANZA
Para los descreídos del
star-system de la arquitectura que se reproduce una y otra vez en papel couché
con selecciones como la que el lector tiene entre sus manos, la figura de
Zumthor podría representar, al menos, un mínimo halo de esperanza en el futuro
de este arte, en otro tiempo espléndido de presencia urbana y de signos
trascendentes y ahora, sin embargo, hermano pobre de la sociedad del
espectáculo.
Así
lo entendía Félix de Azúa cuando, en una de las columnas con las que
semanalmente construye un templo de sabiduría en medio del marasmo informativo,
se refería a Zumthor con estas palabras: “A pesar de la presión que soportan
para convertirse en unos irresponsables, algunos arquitectos no se rinden” (EL
PAIS 21 de abril de 1999).
Desde
Zumthor para atrás hay que remontarse a Robert Venturi para encontrar a otro
arquitecto que diera esperanzas. Pero parece evidente que su ausencia en la
selección que ha hecho esta revista es síntoma de que las esperanzas puestas en
él se agostaron con los insospechados monstruos que produjeron quienes no le
entendieron bien. Venturi quiso sacar a la arquitectura moderna de su
misticismo formal -o funcional, tanto da-,
y ha acabado por ser el padrino de la arquitectura de feria. Vaya desde
aquí una flor sobre su Complejidad y Contradicción en la Arquitectura.
Pero
la esperanza puesta en Zumthor radica a mi entender mucho más en sus
declaraciones que en sus edificios. En la memorable entrevista que Anatxu
Zabalbeascoa le hacía para la página de Arquitectura de EL PAIS, publicada el
28 de noviembre de 1998, la primera afirmación que hacía la periodista era que “jamás ha entendido que se le catalogue como
minimalista”, es decir, de místico de las formas (o de la ausencia de
éstas), o en otras palabras, de “esteta”. Más adelante rubricaba su
posicionamiento diciendo “yo no soy un
intelectual, soy más un carpintero que dice la verdad”.
El
15 de abril del año pasado le ví en Barcelona ante el gigantesco auditorium de
Construmat explicando el proyecto del pabellón de Suiza de la Expo de Hannover.
Para ser un carpintero me sorprendió enormemente su facilidad de palabra y su
saber estar ante un público tan masivo. Pocas veces he asistido a una
conferencia de arquitectura tan interesante. Para completar la excelente puesta
en escena me fijé que las mangas de su chaqueta eran desproporcionadamente
largas y que hacían de él una figura singular. En la fotografía de agencia en
la que se le ve recoger el premio Carlsberg de manos de la reina Margarita de Dinamarca
también se puede apreciar que las mangas de su americana son enormes.
Hay
algo raro en que un gran arquitecto vista de un modo tan estrafalario. Yo ví en
Zumthor el semblante de la Europa más tranquila, amable e intelectual, fruto de
la riqueza de uno de los paises más ricos de esta Europa. Anatxu en su
entrevista apuntaba también, a modo de sospecha, hacia cierto elitismo, pero a
mí eso me preocupa menos. A mí me da mas miedo que la fragancia -¿presencia?,
¿signos?- de sus edificios (que no he tenido aún la suerte de visitar), sea más
bien producto de una excelente operación de puesta en escena.
Con
todo, la esperanza es lo último que se pierde.
---------------------------------------------------------------
Hasta aquí aquella nota. Me entero ahora por internet que le dieron el Pritzker en el 2009, pero a mí eso me trae al pairo excepto por la foto que he encontrado de la ceremonia de la entrega, que fue en la ahora fétida Buenos Aires. Zumthor seguía con la misma chaqueta de mangas larguísimas y una gran pose de predicador (o comediante).
Fruto de aquellas últimas esperanzas en la arquitectura fue el viaje que organicé para el Colegio de Arquitectos de La Rioja hasta las termas de Vals. Fue en septiembre del 2002, dos años después de escribir las líneas de arriba. La gente que se apuntó quedó muy contenta: en primer lugar porque como arquitectos que en su mayoría eran, cualquier mitomanía les encanta, y segundo lugar, porque no las vimos sino que las usamos, que es como mejor se ve un edificio. La pena fue que por la necesaria discreción en un lugar de baños, no dejaban hacer fotos en el interior. Pero hay tantas por la red que poco importa. La más famosa, la más conocida, la que yo siempre he usado en mis clases es esta,
es decir, más o menos la misma que he puesto como presentación pero con agua y con chica esbelta en bañador. No creo que la hubiéramos mejorado nosotros. Lo que dice esa foto, y la de arriba, es que el edificio de Zumthor es básicamente una textura, un revestimiento. Novedoso, hermoso, y al parecer, carísimo. Con la de toneladas de papel y tinta que se habrán escrito sobre Zumthor no creo que nadie haya dicho a cómo sale el metro cuadrado de ese revestimiento. Para mí que es el dato más importante. Junto con el paisaje. Y como del coste del revestimiento no sé nada, es del paisaje de lo que voy a hablar, porque a mí me gustó más el valle que el edificio.
No digo que el edificio esté mal, como cueva interior es muy bueno, pero por fuera no es para echar cohetes. La gran arquitectura es aquella que crea un paisaje o una ciudad, y los alrededores de las termas de Zumthor son una catástrofe:
De aquella primera visita con el viaje del Colegio de Arquitectos aún recuerdo que las luces de neón de la entrada a las termas nos produjo la impresión de un puticlub. Pero todo quedó compensado con el baño y con el grandioso espectáculo de la primera nevada otoñal:
Arquitectónicamente hablando, yo me quedé prendado de los almacenes de paja que había salpicados por todo el monte. Desde la ventana de la habitación de la residencia con pinta de hospital donde dormimos se veían así.
En el verano del 2008 viajé nuevamente a Vals (la foto soleada de más arriba es de entonces) y volví a mirar entusiasmado hacia las laderas de hierba con sus almacenes de paja. Recuerdo que había gente recolectando hierba en familia, más o menos como lo habrían hecho desde siempre.
La tarde amenazaba tormenta y si en el baño de la primera visita pudimos disfrutar de la caída de copos de nieve en la piscina exterior, en la visita de verano el espectáculo de rayos y truenos no fue menor. Como no lo puedo contar con imágenes hechas desde dicha piscina, valga esta foto tomada en la carretera cuando la tormenta se estaba pasando y regresábamos a casa:
La arquitectura es una buena disculpa para viajar a lugares que de otro modo no conoceríamos. Pero el éxito de público en Vals por las termas de Zumthor no creo que esté haciendo mucho bien al pueblo. Aquí un par de ejemplos, cada cual en su estilo.
Y como no podía ser de otro modo, un mínimo muestrario de algunas fotos de la cueva de Zumthor que he encontrado por internet y un par de comentarios: Rosalía me hizo notar lo maravillosa que es la luz mínima de esas bombillitas. Y Ramón Ruiz Marrodán me dijo: igualito que las termas de Arnedillo, que parecen un muestrario de materiales.
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miércoles, 7 de marzo de 2012
58. SANTA MARIA DE LA PISCINA, PECIÑA, ALAVA.
Si tuviera yo mucho a respeto a los números tendría que haber guardado esta entrada para una ocasión singular, por ejemplo, el número 100 de los edificios LHD o algo así, pero como en esto de los blogs voy a golpe de impulso y me trae sin cuidado cuantos llevo, se me ha ocurrido ponerla este mes como si fuera un edificio más, un edificio cualquiera, y de eso nada. Este es uno de los edificios más significativos de mi vida porque está unido a un recuerdo tan íntimo y personal, que para hablar de él tengo que pelearme con mi pudor, asunto que a los lectores, seguramente, os traerá sin cuidado.
Aunque para involucraros un poco también podría plantear el tema al revés: ¿os acordáis exactamente del lugar en el que le disteis el primer beso a quien iba a ser el amor de tu vida? ¿Hubo un lugar para ese momento tan significativo, u os besasteis en un sitio cualquiera, por ejemplo, en el interior de un coche en una calle sin nombre o en un parking ya desaparecido? Yo supongo que la diferencia entre vivir la arquitectura o no vivirla debe de estar unido a estas cosas, a estos recuerdos. Savater decía en cierta ocasión que la arquitectura sólo le interesaba como escenario de nuestras vidas. Y va a tener razón. Bueno, pues ya sabéis por qué este edificio es tan significativo para mí. Y para ser más exactos, el umbral de su puerta principal.
Lo que tiene gracia es que desde entonces no he vuelto por allí, y que sólo sé que aún esta en pié y es lugar venerable porque no he tenido noticia de su ruina y porque lo he encontrado tal que así en el google earth + sketch up:
Ya veis qué lugar tan solitario y bonito, un carasol de la Rioja alavesa con los montes de la Herrera detrás.
No es que yo escogiera el lugar para acto tan emotivo, ya sería la repera. Un primer beso de un amor sin fin es algo imprevisto, algo que te sucede, y la suerte es que te toque en un lugar inolvidable.
Mi relación con la ermita de Santa María de la Piscina venía de uno o dos años atrás. Al catedrático de Historia de la Arquitectura de la escuela de Barcelona, el famoso Bassegoda, se le ocurrió que para aprobar su asignatura teníamos que dibujarle las plantas y alzados de alguna ermita que él no tuviera en su archivo, y como mi lugar de procedencia estaba a muchos kilómetros de Barcelona, lo tuve fácil
Y tan fácil, porque no sé si fue por casualidad, o porque en aquella época tan caótica en la Escuela lo que más nos gustaba era aprobar copiando, resulta que cuando me llegué a la ermita de Santa María de la Piscina en el otoño del 74 o primavera del 75 (no lo sé precisar), me encontré que estaba en proceso de restauración y que el cantero de la obra tenía los planos encima del altar.
Nunca mejor dicho, aquello fue coser y cantar. Un poco de papel sulfurizado puesto encima de los planos del arquitecto que estuviera dirigiendo la restauración (ni me molesté en apuntar su nombre), y para Barcelona.
No guardo copia alguna de mis dibujos pero por suerte he conservado los negativos de las fotos que complementaron aquel trabajo de escuela y con el que, por supuesto, aprobé holgadamente.
Como se ve en ellas, el estilo restauración ya estaba por aquel entonces muy asentado, y aunque aún no sabía que la reconstrucción del escudo era de la escuela violletiana y que la labra de las piedras nuevas eran de la escuela española, tanto me importa la una como la otra, porque si tengo en grandísimo aprecio a este edificio no es por su restauración ni la mezcla de una escuela con la otra.
Creo que lo que más me gusta de aquellas fotos, ahora recuperadas, es ese rústico rebaño de ovejas que me acompañó en mi primera visita, y la descuidada sencillez del entorno.
Cuando volví a visitarla, la compañía fue de orden muy superior. Pero como digo, desde entonces no he vuelto por allí. Podéis ir vosotros y probar a ver si tenéis la misma suerte, o cuando menos, a recordarlo por mí, porque el lugar se lo merece.
jueves, 16 de febrero de 2012
57. IL REDENTORE. VENECIA. ITALIA
"Independientemente de su resultado, mejor o peor, un dibujo es, sobre todo, el acta minuciosa de una contemplación."
Tuvo que esperar Il Redentore hasta cuatro visitas para que me sentara al fin una soleada mañana de primavera a hacerle un dibujillo que no guardo, pues según tengo anotado en mi diario lo dejé en la estantería de mi anfitrión en Venecia con las palabras que he puesto arriba. Junto a mí dibujaron también Teresa, en primer plano de la foto con una trenca azul, y su dibujo fue, sin lugar a dudas, el mejor de todos. Lo vi no hace mucho cuando recogí las cosas de su habitación y lo he buscado por todas partes para traerlo aquí, pero no he dado con él. Ya lo siento.(seguiré buscándolo). Rosalía dejó el dibujo a medio hacer porque creo que no dio con la clave de la contemplación, y Elena, a la que se le medio ve al fondo sentada en el suelo, eligió el eje de simetría para que le resultase más sencillo, y seguro que con la mirada de sus diez años hizo un trabajo de lo más divertido aunque me temo que tampoco lo acabara.
No es nada fácil contemplar Il Redentore, la pieza maestra de Palladio en Venecia. No lo es en general y no lo es especialmente para mí, porque es una de las obras con las que nació mi admiración por la arquitectura. Y cuando hay mucha emoción, que decía el Quijote, se te suele nublar el entendimiento. He buscado también sin fortuna los apuntes de la clase en la que Moneo, con su oratoria angustiosa de embaucador, hizo una lectura rápida de su fachada, a propósito, creo recordar (o imaginar), de la habilidad en conjugar el orden mayor de la nave principal con el orden menor de las laterales mediante la superposición de sus frontones, repitiendo el frontón lateral más arriba en una suave degradación escultórica para incorporar los contrafuertes a la composición de la fachada.
O quizás (sigo imaginando), cómo Palladio jugó con las columnas adosadas y las pilastras del pórtico principal para conjugar mejor (¿conjugar viene de jugar?) la esquina del orden mayor con el menor. O cómo hace desaparecer las pilastras del orden menor en los entrepaños de las hornacinas para introducir éstas, o finalmente, y ahora con columnas adosadas en el orden menor, el pórtico de la puerta.
También ayuda mucho a la contemplación de esta fachada la narración del problema del arranque desde el suelo del orden menor respecto del mayor que cuenta James S. Ackermann (1966) en su librito sobre PALLADIO (ed xarait, Madrid 1981) a propósito de las tres grandes fachadas de Palladio en Venecia (San Francesco de la Vigna, San Giorgio di Maggiore y esta). No voy a repetirlo porque lo podéis encontrar en ese libro (pag 142) aunque sí decir que la solución a dicho problema está en la feliz ocurrencia de la inclusión de la escalinata frontal, precisamente en esta última iglesia.
Leonardo Benévolo, tras apuntar que la fachada era como un dibujo en perspectiva de todo el organismo del templo, prefería una contemplación más urbanística que escultórica de las tres iglesias palladianas que dan al canal de la Giudecca (Historia de la Arquitectura del Renacimiento pag 694 y ss). La observación de que el eje axial de San Giorgio pasa exactamente por la punta de la Aduana, enlazando geométricamente una isla con otra, tenía su correlato físico con el puente de góndolas que cada año le hacían a Il Redentore sobre tan amplio canal (aunque en esta pintura de la época dicho puente aparezca extrañamente dibujado en diagonal).
Abro la versión que da de Il Redentore el google earth edificios y me da vergüenza ajena. O propia no sé, porque yo siempre he sido un defensor del programilla de dibujo de google. Qué chapuza, por dios:
Ni que lo hubiera hecho uno de los enemigos de google earth y del sketch up. O uno de mis enemigos personales más acérrimos, porque para hacerlo tan mal ha ido a escoger justamente una de las iglesia que más quiero.
Bastante mejor apañadas están las otras dos, la de San Giorgio di Maggiore o la intermedia del convento de las Doncellas que según he investigado ahora, dibujó Palladio pero no tuvo vida para construir.
La primera vez que fui a Venecia, en el año 73, me alojé en el albergue juvenil que está justo al lado del convento de las Doncellas, pero mi alegría fue saber únicamente que el albergue estaba en la misma acera y a cuatro pasos de Il Redentore. Seguro que fui corriendo a verla, tanto a última hora de la noche como a primera de la mañana, antes de que tuviéramos que ponernos en marcha para continuar viaje a Grecia. Luego volví a Venecia al año siguiente de casarme, la tercera vez estuve allí invitado por José Angel, y luego a pasar una Semana Santa con las hijas en su casa, y aunque siempre busqué la ocasión para visitar "mi iglesia" fue en esta cuarta vez cuando me senté al fin a dibujar su fachada, a gozar, más que nunca, de una Arquitectura que en los finales del siglo XX ya sentía en franca decadencia y hundimiento.
Al margen de la ruina, Il Redentore me sirve para recordar que uno de los secretos más difíciles de entender de la Arquitectura está en la escala. La primera foto que he puesto arriba da idea de lo grandioso que es el templo cuando nos acercamos andando a él por el muelle de la Giudecca. Casi es imposible captarlo con la cámara de fotos, a no ser con las habilidades de un gran angular. Y aunque la fachada se retranquea un poco de la línea de las casas para crear un pequeño "campo", el gran plano escultórico de órdenes, frontones y cornisas se queda solo, en su marmórea presencia, ocultando felizmente todo lo que contiene detrás.
Y digo felizmente porque cuando contemplas el organismo completo de la iglesia, bien desde una embarcación o desde el fondamento de enfrente, sientes como que los cuerpos superiores desmerecieran de la perfección de la fachada de mármol, hasta hacerla fea, torpe y desproporcionada.
Tampoco la visita del interior mejoró nunca la emoción que siempre me causó su fachada vista a pie desde el pequeño campo frontal. Seguro que todo está bien pensado, proporcionado y en su sitio, y que ese espacio del coro tras la cabecera tiene un algo de etéreo y novedoso en la prolongación del eje del templo hacia un ignoto interior, pero esas emociones espaciales de la recuperación de los órdenes clásicos se me debieron de agotar en las dos iglesias de Brunelleschi en Florencia, en San Lorenzo di Maggiore y en el Sancto Espíritu.
Dos iglesias éstas (las florentinas), que visité por última vez con Javier Dulín en el viaje que organizamos para nuestros alumnos, cuando hace ya diez años recuperamos esa importante asignatura de viajes que ahora pasa por días menos claros. Dos iglesias, por tanto, que algún día espero traer también a este blog.
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jueves, 12 de enero de 2012
56. LA IGLESIA DE SANTA LUCIA DE OCON. LA RIOJA. ESPAÑA.
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No es extraño que alguien cuente que muchas veces es la gente de fuera la que nos descubre nuestros propios edificios y la que nos hace amarlos. Llevo ya más de veinte años pasando fines de semana o cortas vacaciones en la aldea riojana de Santa Lucía de Ocón y apenas me había interesado por su iglesia, un pequeño templo con bóvedas de crucería del XVII, como tantos otros que hay por nuestra región. De hecho, el alcalde me había adjudicado su limpieza en alguna de las veredas que distribuye entre los vecinos, y hasta ahora yo había preferido pagar la multa por no hacerla que verme barriendo un templo que me es bastante ajeno en su actual utilización.
Hasta el pasado verano, lo que más me había interesado de él era su exterior, con esa imagen de gallina que cuida sus polluelos o esa torre que clava el pueblo al terreno como si de una cuña se tratara. Son metáforas que se echan en falta en los pueblos de norteamérica, donde las iglesias son como pequeños locales comerciales que compiten por su público. Y mira por donde que ha sido un artista californiano el que me la haya puesto en valor (¡ah! ¡ya me ha salido a mí también la maldita expresión!).
Intercambiamos casa, y en cuanto se enteró de que durante el tiempo que iba a estar aquí, se suele a celebrar en Santa Lucía un certamen de artistas bajo el pretexto del "land art", se interesó por participar en él usando la iglesia. Peter Erskine, que es el artista del que hablo, trabaja con refractores de luz creando sorprendentes arco iris móviles en el interior de los edificios donde actúa, y además de haber realizado instalaciones efímeras en numerosos edificios históricos de Roma o en varias ciudades americanas y europeas se pueden ver sus instalaciones permanentes en edificios tan significativos como la estación de ferrocarril de Milán. Lo podéis comprobar en su web.
Pues bien, como antes de venir a La Rioja Peter quería fotos, planos y detalles de la iglesia, me estuvo mareando con cartas y peticiones de datos hasta casi hacerme perder la paciencia. Sin embargo, en alguna de aquellas visitas tranquilas y silenciosas a la iglesia en la primavera del año pasado, empecé a sacarle jugo al edificio y a lamentarme del olvido en que le tenía. Y haciendo fotos y contemplándolo detenidamente empecé a admirar la extensión de sus muros de sillería de arenisca, o la desmesura de los contrafuertes con que trataron de sujetar una cabecera que seguramente se les empezó pronto a venir abajo:
Y ya en el interior, además de medir y sentir las proporciones de su generoso espacio, empecé también a buscar esas perspectivas que se esconden desde los rincones o por debajo de los coros, o los detalles de la riqueza de otros tiempos, como ese magnífico órgano en ruinas.
Seguramente me repetiría a mí mismo un comentario que me hizo José Angel González Sainz cuando en cierto viaje salimos emocionados de la visita a una iglesia en Valladolid hace ya muchos años: "Juan, tenemos que usar las iglesias, no podemos dejar esos grandiosos espacios en manos de quienes no los entienden ni aprecian".
Pues bien, con los datos que le mandé, yo la dejé en manos de Peter Erskine, y después de colocar sus refractores de luz me la devolvió tal que así:
Es decir, llena de luz y color, vibrante de alegría, y enriquecida en detalles, pinceladas y matices efímeros:
El día de Navidad pedí la llave de la iglesia para ver cómo el potente sol lateral la bañaba de luz y nos encontramos con la sorpresa de que la luz casi se caía por los propios muros de las ventanas con la debilidad del invierno:
Faltos de las luces y colores de nuestro artista californiano, extendimos nuestra mirada a las figuras y relieves que la decoran hechos por artistas bastante anteriores a Peter. La de la santa titular:
Estas mujeres afligidas de algún pasaje bíblico que no fuimos capaces de reconocer, o la más evidente anunciación que le sigue:
O este santo con bastón y cerdito a sus pies que seguramente sea un San Antón.
Para cerrar el círculo, el día de este año nuevo volvimos a disfrutar la iglesia desde los paseos alrededor del pueblo; y de ese día es la foto de mi hija Teresa con la que he abierto este post.
No es extraño que alguien cuente que muchas veces es la gente de fuera la que nos descubre nuestros propios edificios y la que nos hace amarlos. Llevo ya más de veinte años pasando fines de semana o cortas vacaciones en la aldea riojana de Santa Lucía de Ocón y apenas me había interesado por su iglesia, un pequeño templo con bóvedas de crucería del XVII, como tantos otros que hay por nuestra región. De hecho, el alcalde me había adjudicado su limpieza en alguna de las veredas que distribuye entre los vecinos, y hasta ahora yo había preferido pagar la multa por no hacerla que verme barriendo un templo que me es bastante ajeno en su actual utilización.
Hasta el pasado verano, lo que más me había interesado de él era su exterior, con esa imagen de gallina que cuida sus polluelos o esa torre que clava el pueblo al terreno como si de una cuña se tratara. Son metáforas que se echan en falta en los pueblos de norteamérica, donde las iglesias son como pequeños locales comerciales que compiten por su público. Y mira por donde que ha sido un artista californiano el que me la haya puesto en valor (¡ah! ¡ya me ha salido a mí también la maldita expresión!).
Intercambiamos casa, y en cuanto se enteró de que durante el tiempo que iba a estar aquí, se suele a celebrar en Santa Lucía un certamen de artistas bajo el pretexto del "land art", se interesó por participar en él usando la iglesia. Peter Erskine, que es el artista del que hablo, trabaja con refractores de luz creando sorprendentes arco iris móviles en el interior de los edificios donde actúa, y además de haber realizado instalaciones efímeras en numerosos edificios históricos de Roma o en varias ciudades americanas y europeas se pueden ver sus instalaciones permanentes en edificios tan significativos como la estación de ferrocarril de Milán. Lo podéis comprobar en su web.
Pues bien, como antes de venir a La Rioja Peter quería fotos, planos y detalles de la iglesia, me estuvo mareando con cartas y peticiones de datos hasta casi hacerme perder la paciencia. Sin embargo, en alguna de aquellas visitas tranquilas y silenciosas a la iglesia en la primavera del año pasado, empecé a sacarle jugo al edificio y a lamentarme del olvido en que le tenía. Y haciendo fotos y contemplándolo detenidamente empecé a admirar la extensión de sus muros de sillería de arenisca, o la desmesura de los contrafuertes con que trataron de sujetar una cabecera que seguramente se les empezó pronto a venir abajo:
Y ya en el interior, además de medir y sentir las proporciones de su generoso espacio, empecé también a buscar esas perspectivas que se esconden desde los rincones o por debajo de los coros, o los detalles de la riqueza de otros tiempos, como ese magnífico órgano en ruinas.
Seguramente me repetiría a mí mismo un comentario que me hizo José Angel González Sainz cuando en cierto viaje salimos emocionados de la visita a una iglesia en Valladolid hace ya muchos años: "Juan, tenemos que usar las iglesias, no podemos dejar esos grandiosos espacios en manos de quienes no los entienden ni aprecian".
Pues bien, con los datos que le mandé, yo la dejé en manos de Peter Erskine, y después de colocar sus refractores de luz me la devolvió tal que así:
Es decir, llena de luz y color, vibrante de alegría, y enriquecida en detalles, pinceladas y matices efímeros:
El día de Navidad pedí la llave de la iglesia para ver cómo el potente sol lateral la bañaba de luz y nos encontramos con la sorpresa de que la luz casi se caía por los propios muros de las ventanas con la debilidad del invierno:
Faltos de las luces y colores de nuestro artista californiano, extendimos nuestra mirada a las figuras y relieves que la decoran hechos por artistas bastante anteriores a Peter. La de la santa titular:
Estas mujeres afligidas de algún pasaje bíblico que no fuimos capaces de reconocer, o la más evidente anunciación que le sigue:
O este santo con bastón y cerdito a sus pies que seguramente sea un San Antón.
Para cerrar el círculo, el día de este año nuevo volvimos a disfrutar la iglesia desde los paseos alrededor del pueblo; y de ese día es la foto de mi hija Teresa con la que he abierto este post.
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