En mi reciente estancia en Palma de Mallorca para dar una conferencia en la Fundación March sobre Arquitectura sin Arquitectos tuve la gran suerte de que los organizadores me alojaran en un hotel (el Almudaina) que me descubrió otra gran calle para este blog, la Avenida de Jaume III, un lugar que me recordó aquel articulillo que escribiera aquí sobre la vía Roma y la vía XX de Septiembre en Turín y Génova respectivamente (ver EdLHD 61). Cierto que la escala y decoración de sus arquerías no tienen la grandeza de aquellas, pero seguramente por lo tardío o inesperado del descubrimiento, me produjo tanta alegría o emoción como las dos vías italianas.
La construcción de la Avenida de Jaume III fue una de esas aperturas que los italianos llamaron "esventramentos" y cuyo referente más conocido fue el plan Haussman de París. En las décadas siguientes todas las grandes ciudades europeas tomaron ejemplo de la intervención parisina y de ese modo disfrutamos aún del escaparate de arquitecturas de la Gran Vía de Madrid o debemos de agradecer las décadas de funcionalidad circulatoria que propició la Vía Layetana en Barcelona. Hasta en mi Logroño hicimos así la calle Sagasta para conectar el río con el Espolón. La sorpresa de esta actuación urbanística en Palma, sin embargo, es su fecha tardía, finales de los 40 principios de los 50, cuando las ciudades españolas estaban ya más ocupadas en recibir la inmigración de las gentes del campo que en crear escaparates burgueses.
Y como yo iba a hablar en Palma de las excelencias de la arquitectura sin arquitectos, nada me podía venir mejor como contrapunto que saber que este lugar era obra de un arquitecto y urbanista local, el señor don Gabriel Alomar, licenciado en Barcelona en el año 34.
El extraño remate de la calle haciendo un rincón poco antes de llegar al Torrent de Sa Riera se explica porque la apertura de nueva avenida era parte de un plan de edificación masiva de vivienda, tal y como puede verse en esta perspectiva aérea hecha desde extramuros.
En el plano general de Palma de Mallorca firmado por el propio Gabriel Alomar que fotografié en el pequeño museo de historia de la Ciudad que hay en el castillo de Bellver, puede verse el estado anterior a este plan que contiene a la vez el esventramento de finales de siglo XIX con la preocupación urbana por la construcción de viviendas a gran escala de mediados del siglo XX. Una mezcolanza extraña que en la que podríamos ver también el punto de inflexión entre la gloria y el ocaso de la arquitectura de los arquitectos.
Si por la parte occidental la Avda de Jaume III cede ante la inflexible geometría de los bloques, en su entrega al Paseo del Born la articulación se hace de un modo más sencillo y natural con esa flexible apertura de espacios que dan lugar a la indeterminada plaza del Rey Juan Carlos I, adornada con un obelisco con fuentes con chorrito a falta de algo mejor.
borde de la ciudad, barrio calle y plaza en un golpe de vista
y ubicación






