jueves, 16 de febrero de 2012

57. IL REDENTORE. VENECIA. ITALIA



"Independientemente de su resultado, mejor o peor, un dibujo es, sobre todo, el acta minuciosa de una contemplación."

Tuvo que esperar Il Redentore hasta cuatro visitas para que me sentara al fin una soleada mañana de primavera a hacerle un dibujillo que no guardo, pues según tengo anotado en mi diario lo dejé en la estantería de mi anfitrión en Venecia con las palabras que he puesto arriba. Junto a mí dibujaron también Teresa, en primer plano de la foto con una trenca azul, y su dibujo fue, sin lugar a dudas, el mejor de todos. Lo vi no hace mucho cuando recogí las cosas de su habitación y lo he buscado por todas partes para traerlo aquí, pero no he dado con él. Ya lo siento.(seguiré buscándolo). Rosalía dejó el dibujo a medio hacer porque creo que no dio con la clave de la contemplación, y Elena, a la que se le medio ve al fondo sentada en el suelo, eligió el eje de simetría para que le resultase más sencillo, y seguro que con la mirada de sus diez años hizo un trabajo de lo más divertido aunque me temo que tampoco lo acabara.

No es nada fácil contemplar Il Redentore, la pieza maestra de Palladio en Venecia. No lo es en general y no lo es especialmente para mí, porque es una de las obras con las que nació mi admiración por la arquitectura. Y cuando hay mucha emoción, que decía el Quijote, se te suele nublar el entendimiento. He buscado también sin fortuna los apuntes de la clase en la que Moneo, con su oratoria angustiosa de embaucador, hizo una lectura rápida de su fachada, a propósito, creo recordar (o imaginar), de la habilidad en conjugar el orden mayor de la nave principal con el orden menor de las laterales mediante la superposición de sus frontones, repitiendo el frontón lateral más arriba en una suave degradación escultórica para incorporar los contrafuertes a la composición de la fachada.


O quizás (sigo imaginando), cómo Palladio jugó con las columnas adosadas y las pilastras del pórtico principal para conjugar mejor (¿conjugar viene de jugar?)  la esquina del orden mayor con el menor. O cómo hace desaparecer las pilastras del orden menor en los entrepaños de las hornacinas para introducir éstas, o finalmente, y ahora con columnas adosadas en el orden menor, el pórtico de la puerta.

También ayuda mucho a la contemplación de esta fachada la narración del problema del arranque desde el suelo del orden menor respecto del mayor que cuenta James S. Ackermann (1966) en su librito sobre PALLADIO (ed xarait, Madrid 1981) a propósito de las tres grandes fachadas de Palladio en Venecia (San Francesco de la Vigna, San Giorgio di Maggiore y esta). No voy a repetirlo porque lo podéis encontrar en ese libro (pag 142) aunque sí decir que la solución a dicho problema está en la feliz ocurrencia de la inclusión de la escalinata frontal, precisamente en esta última iglesia.



Leonardo Benévolo, tras apuntar que la fachada era como un dibujo en perspectiva de todo el organismo del templo, prefería una contemplación más urbanística que escultórica de las tres iglesias palladianas que dan al canal de la Giudecca (Historia de la Arquitectura del Renacimiento pag 694 y ss). La observación de que el eje axial de San Giorgio pasa exactamente por la punta de la Aduana, enlazando geométricamente una isla con otra, tenía su correlato físico con el puente de góndolas que cada año le hacían a Il Redentore sobre tan amplio canal (aunque en esta pintura de la época dicho puente aparezca extrañamente dibujado en diagonal).



Cada vez que releo el Benévolo me hace gracia lo fatigoso de su retórica. Ni Moneo, ni Ackermann, ni Benévolo son lecturas recomendables para amar la arquitectura, pero no hay otra cosa, y la gran arquitectura se va hundiendo para siempre por falta de discursos más bellos. O también por falta de contemplación: con tanta cámara digital, con tanto sketch up ¿quién la dibuja ya?

Abro la versión que da de Il Redentore el google earth edificios y me da vergüenza ajena. O propia no sé, porque yo siempre he sido un defensor del programilla de dibujo de google. Qué chapuza, por dios:



Ni que lo hubiera hecho uno de los enemigos de google earth y del sketch up. O uno de mis enemigos personales más acérrimos, porque para hacerlo tan mal ha ido a escoger justamente una de las iglesia que más quiero.

Bastante mejor apañadas están las otras dos, la de San Giorgio di Maggiore o la intermedia del convento de las Doncellas que según he investigado ahora, dibujó Palladio pero no tuvo vida para construir.



Me llama ahora poderosamente la atención esta última iglesia por su papel secundario y complementario respecto a las otras dos, con una fachada sin relieve para evitar cualquier competencia escultórica con ellas.



La primera vez que fui a Venecia, en el año 73, me alojé en el albergue juvenil que está justo al lado del convento de las Doncellas, pero mi alegría fue saber únicamente que el albergue estaba en la misma acera y a cuatro pasos de Il Redentore. Seguro que fui corriendo a verla, tanto a última hora de la noche como a primera de la mañana, antes de que tuviéramos que ponernos en marcha para continuar viaje a Grecia. Luego volví a Venecia al año siguiente de casarme, la tercera vez estuve allí  invitado por José Angel, y luego a pasar una Semana Santa con las hijas en su casa, y aunque siempre busqué la ocasión para visitar "mi iglesia" fue en esta cuarta vez cuando me senté al fin a dibujar su fachada, a gozar, más que nunca, de una Arquitectura que en los finales del siglo XX ya sentía en franca decadencia y hundimiento.

Al margen de la ruina, Il Redentore me sirve para recordar que uno de los secretos más difíciles de entender de la Arquitectura está en la escala. La primera foto que he puesto arriba da idea de lo grandioso que es el templo cuando nos acercamos andando a él por el muelle de la Giudecca. Casi es imposible captarlo con la cámara de fotos, a no ser con las habilidades de un gran angular. Y aunque la fachada se retranquea un poco de la línea de las casas para crear un pequeño "campo", el gran plano escultórico de órdenes, frontones y cornisas se queda solo, en su marmórea presencia, ocultando felizmente todo lo que contiene detrás.


Y digo felizmente porque cuando contemplas el organismo completo de la iglesia, bien desde una embarcación o desde el fondamento de enfrente, sientes como que los cuerpos superiores desmerecieran de la perfección de la fachada de mármol,  hasta hacerla fea, torpe y desproporcionada.


Tampoco la visita del interior mejoró nunca la emoción que siempre me causó su fachada vista a pie desde el pequeño campo frontal. Seguro que todo está bien pensado, proporcionado y en su sitio, y que ese espacio del coro tras la cabecera tiene un algo de etéreo y novedoso en la prolongación del eje del templo hacia un ignoto interior, pero esas emociones espaciales de la recuperación de los órdenes clásicos se me debieron de agotar en las dos iglesias de Brunelleschi en Florencia, en San Lorenzo di Maggiore y en el Sancto Espíritu.


Dos iglesias éstas (las florentinas), que visité por última vez con Javier Dulín en el viaje que organizamos para nuestros alumnos, cuando hace ya diez años recuperamos esa importante asignatura de viajes que ahora pasa por días menos claros. Dos iglesias, por tanto, que algún día espero traer también a este blog.


jueves, 12 de enero de 2012

56. LA IGLESIA DE SANTA LUCIA DE OCON. LA RIOJA. ESPAÑA.

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No es extraño que alguien cuente que muchas veces es la gente de fuera la que nos descubre nuestros propios edificios y la que nos hace amarlos. Llevo ya más de veinte años pasando fines de semana o cortas vacaciones en la aldea riojana de Santa Lucía de Ocón y apenas me había interesado por su iglesia, un pequeño templo con bóvedas de crucería del XVII, como tantos otros que hay por nuestra región. De hecho, el alcalde me había adjudicado su limpieza en alguna de las veredas que distribuye entre los vecinos, y hasta ahora yo había preferido pagar la multa por no hacerla que verme barriendo un templo que me es bastante ajeno en su actual utilización.

Hasta el pasado verano, lo que más me había interesado de él era su exterior, con esa imagen de gallina que cuida sus polluelos o esa torre que clava el pueblo al terreno como si de una cuña se tratara. Son metáforas que se echan en falta en los pueblos de norteamérica, donde las iglesias son como pequeños locales comerciales que compiten por su público. Y mira por donde que ha sido un artista californiano el que me la haya puesto en valor (¡ah! ¡ya me ha salido a mí también la maldita expresión!).

Intercambiamos casa, y en cuanto se enteró de que durante el tiempo que iba a estar aquí, se suele a celebrar en Santa Lucía un certamen de artistas bajo el pretexto del "land art", se interesó por participar en él usando la iglesia. Peter Erskine, que es el artista del que hablo, trabaja con refractores de luz creando sorprendentes arco iris móviles en el interior de los edificios donde actúa, y además de haber realizado instalaciones efímeras en numerosos edificios históricos de Roma o en varias ciudades americanas y europeas se pueden ver sus instalaciones permanentes en edificios tan significativos como la estación de ferrocarril de Milán. Lo podéis comprobar en su web.

Pues bien, como antes de venir a La Rioja Peter quería fotos, planos y detalles de la iglesia, me estuvo mareando con cartas y peticiones de datos hasta casi hacerme perder la paciencia. Sin embargo, en alguna de aquellas visitas tranquilas y silenciosas a la iglesia en la primavera del año pasado, empecé a sacarle jugo al edificio y a lamentarme del olvido en que le tenía. Y haciendo fotos y contemplándolo detenidamente empecé a admirar la extensión de sus muros de sillería de arenisca, o la desmesura de los contrafuertes con que trataron de sujetar una cabecera que seguramente se les empezó pronto a venir abajo:



Y ya en el interior, además de medir y sentir las proporciones de su generoso espacio, empecé también a buscar esas perspectivas que se esconden desde los rincones o por debajo de los coros, o los detalles de la riqueza de otros tiempos, como ese magnífico órgano en ruinas.





Seguramente me repetiría a mí mismo un comentario que me hizo José Angel González Sainz cuando en cierto viaje salimos emocionados de la visita a una iglesia en Valladolid hace ya muchos años: "Juan, tenemos que usar las iglesias, no podemos dejar esos grandiosos espacios en manos de quienes no los entienden ni aprecian".

Pues bien, con los datos que le mandé, yo la dejé en manos de Peter Erskine, y después de colocar sus refractores de luz me la devolvió tal que así:


Es decir, llena de luz y color, vibrante de alegría, y enriquecida en detalles, pinceladas y matices efímeros:




El día de Navidad pedí la llave de la iglesia para ver cómo el potente sol lateral la bañaba de luz y nos encontramos con la sorpresa de que la luz casi se caía por los propios muros de las ventanas con la debilidad del invierno:



Faltos de las luces y colores de nuestro artista californiano, extendimos nuestra mirada a las figuras y relieves que la decoran hechos por artistas bastante anteriores a Peter. La de la santa titular:


Estas mujeres afligidas de algún pasaje bíblico que no fuimos capaces de reconocer, o la más evidente anunciación que le sigue:



O este santo con bastón y cerdito a sus pies que seguramente sea un San Antón.


Para cerrar el círculo, el día de este año nuevo volvimos a disfrutar la iglesia desde los paseos alrededor del pueblo; y de ese día es la foto de mi hija Teresa con la que he abierto este post.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

55. EL TIMBERLINE LODGE. MT HOOD. OREGON

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Del Hotel del Coronado en la playa de San Diego, al Hotel Timberline en el Monte Hood. Y de CON FALDAS A LO LOCO de Willy Bilder, a EL RESPLANDOR, de Stanley Kubrick. La fórmula cinematográfica es la misma: usar las arquitecturas como decorados y mezclar arquitecturas al antojo del director. De ese modo, cuando se vuelve a ver la película después de haber estado en el edificio, se produce una especie de decepción cinematográfica, como si a la película se le vieran las trampas. Es posible que a los cinéfilos les pase lo recíproco cuando visiten los edificios, pero no es mi caso porque les encuentro siempre a las construcciones mucha más sustancia que a las películas. Y hasta más historias.


La larga toma hecha en helicóptero de la carretera que sube al Hotel de El Resplandor nada tiene que ver con el paisaje del Monte Hood en que está ubicado el Timberline Lodge. Y aunque las realidades sean distintas, creo que se puede decir que aquí la película está a la altura de la realidad porque la grandeza del valle por el que sube Jack Nicholson y familia es comparable a este gigante volcánico que se yergue por encima de todo el paisaje circundante.

Realidad y película coinciden en la foto de la llegada tomada desde lejos, o en las sucesivas fotos fijas hechas desde el exterior cuando empieza a nevar.


Por supuesto que el laberinto exterior es imaginario y que la puerta principal y su aparcamiento nada tienen que ver con el escenario cinematográfico creado a partir de una de las puertas de la zona de la cocina y de un porche que no conseguí localizar.



La película sitúa la construcción del edificio bastante antes que en la realidad. Según supimos allí por los folletos explicativos, el Timberline se construyó en los años treinta para paliar la falta de actividad constructiva de la gran depresión y por ello recabó del trabajo de muchísimos artesanos locales. El folleto turístico debió de escribirlo un periodista porque se olvidó decir quién fue su arquitecto. Para eso está la wiki, claro: un tal Turner, W.I et alt. perfectamente desconocidos.

A cambio, el folletito incluía una sección de la pieza más notoria del edificio, ese espectacular cono central que es un eco de la propia montaña:


La estructura de madera tiene unas escuadrías impresionantes, pero no se dejaba fotografiar a gusto. Eso se compensa con la foto de la gran chimenea situada a los pies de su núcleo central:



La puerta de acceso al edificio no tiene nada que ver con la puerta de la película y tiene la particularidad de que es doble: hay una a nivel de calle y otra a nivel de planta primera, para resolver así el problema de la gran acumulación de nieve en invierno. La escala de esta segunda puerta es también sorprendente.


Concluyo este recordatorio de nuestra visita con una imagen de los pasillos de las habitaciones que tampoco son los que el hijo de Nicholson recorría en su triciclo:


El cine ha venido a sustituir a las apariciones de las vírgenes dándoles a algunos edificios un aura que no necesitan. De todos modos hay que reconocer que las películas son los mejores anuncios. Y que sin el spot de EL RESPLANDOR es posible que no hubiéramos nunca conocido este estupendo lugar que, como decía antes, nos destrozó la película. Lo uno por lo otro.
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viernes, 11 de noviembre de 2011

54. EL HOTEL DEL CORONADO, San Diego, California, USA.

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Ahora que recuerdo, el Hotel del Coronado fue un regalo o propina del argentino Gustavo, nuestro guía turístico en Los Angeles. El plan de día era hacer una de esas visitas señaladas en la vida de todo devoto de la Arquitectura: la del  Salk  Institute de Louis Kahn en La Jolla. Pero como yo andaba ya en trámites de dejar de pertenecer a esa secta, lo accidental fue aquel día mucho memorable que lo esencial. Tras ver el edificio de Kahn, parar en la playa de La Jolla a relajarnos, y comer luego viendo los portaviones de la Séptima Flota (la que un día estuvo en Pearl Harbour), Gustavo propuso llevarnos a la isla de Coronado a ver el famoso hotel donde se rodó la segunda parte de CON FALDAS Y A LO LOCO. Y como jefe de la expedición, acepté encantado. 

Como todo esto sucedió en el curso de un solo día y hace de ello bastante tiempo (el 12 de abril del 2004) cojo el spypnic y voy para allá a hacer unas fotos desde el aire y situarme, porque nada me hace más feliz en estos tiempos que poner los lugares en su sitio. 

Justo en el límite de los Estados Unidos y México en la costa californiana, una extraordinaria bahía cerrada por la isla de Coronado dio lugar a la ciudad de San Diego, y en el punto amarillo que he puesto en el mapa, se construyó en 1888 (Merrit Reid y James Watson Reid, arqtos) uno de los hoteles más fabulosos y grandes del mundo para el turismo estival de entonces. 


Bajamos hasta el punto en cuestión y echamos un rápido vistazo al hotel...


... y volvemos a levantar vuelo para coger perspectiva y ver el lugar con la opción de edificios, que nos permite vislumbrar el downtown de San Diego y el elevado puente que permite el rápido acceso a Coronado y deja pasar los barcos de la Séptima Flota por debajo:


Viajamos ahora otro poco en el tiempo y volvemos a acercarnos al hotel desde el aire pero en 1927:


Aparte de su excelente ubicación (que nuestra maravillosa ley de costas no permitiría), lo más destacado del conjunto es ese pintoresco volumen cónico que articula la fachada de la entrada y la que da a la playa. 


Si aparte de los turistas de alto poder adquisitivo que ya atrae, también vienen a él visitantes esporádicos, es muy lógico que la primera impresión que uno obtenga es la de un eurodisney más:


Pero si uno va explorando uno a uno los detalles y paramentos del edificio y de todos sus añadidos posteriores, es posible que le encuentre el encanto de esas composiciones abiertas, pintorescas y frescas con que la arquitectura nos regala tan pocas veces. Repare con detenimiento el curioso lector en la disposición tan aleatoria de los huecos y dispóngase a disfrutar un rato:





 También entramos al lobby, y recuerdo que me llamó la atención la extraña decoración todo-en-madera como si fuera un hotel de montaña. No hice fotos, pero tomo prestada una que he encontrado en la red y que no sé qué derechos de autor tendrá (la gente pone aún unas cosas muy raras sobre derechos de fotos que en estos tiempos de millones y millones de pixels y música de disparadores de cámaras suena como antidiluviano) pero que si su autor quiere que la quite, sin problema. 


Nada que ver con el exterior ni con el lobby de la película de Billy Wilder. Los directores de cine son unos cachondos, porque se pasan por el forro la arquitectura de los arquitectos haciendo los collages que les da la gana. 

Como mi mejor recuerdo del Hotel del Coronado es el de la sala de baile donde Marilyn cantó I WANNA BE LOVED BY YOU y en aquella visita no pudimos comprobar si Wilder había hecho con ella lo mismo que con el lobby he buscado alguna foto reciente y he encontrado esta birria:


Pero como este blogs va de lugares memorables  y no quiero que nadie lo cierre con mal sabor de boca, ahí va la sala de baile que Willy Bilder le regaló en 1959 haciendo para siempre de este Hotel un edificio LHD:


Ah, y hablando de travesuras de directores de cine para con la arquitectura, no olvidar que Bilder también se lo llevó de San Diego y lo puso en Miami. (Y eso por no hablar de las travesuras que hizo con el vestido de Marilyn y el foco de iluminación...).
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martes, 25 de octubre de 2011

53. LUJUA. Vizcaya. España

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Hace unos años estuve en Lujua por algún compromiso familiar de mi mujer, y vi la que podría haber sido mi casa, la casa de mi vida. Así que sentí un cosquilleo especial y le hice esta foto. De esas dos casas gemelas, creo que era la de la derecha, que aún seguía medio abandonada. Pertenecía al Obispado (la foto está hecha desde el porche de la misma iglesia) y  traté de comprarla allá por el año 1977, cuando en España estábamos todos ilusionados con la democracia..., bueno, todos menos los vascos, que por lo visto después, preferían ser nación antes que vivir en democracia y en paz. Los años siguientes a mi vano intento de compra (dos veces he tratado con la Iglesia para intentar comprarles una casa junto a una parroquia pero en eso de los negocios son... ¡de la piel del diablo...!) fueron de continuos atentados terroristas y desilusión democrática, por lo que con el tiempo, me alegré mucho de que los curas hubieran sido tan perros y me impidieran echar raíces allí. 

Mi mujer había nacido en el mismo Lujua, en una casa de la carretera que he señalado con una flechita roja en el mapa que pongo aquí:


Y en aquellos años, apenas había media docena de casas en torno a la iglesia, y tenía todo un delicioso aire rural. El aeropuerto de Sondica sólo tenía una pista y los aviones no daban mucha guerra.

Sin embargo, cuando hice mi última visita a Lujua (que se había cambiado de nombre por Loiu / ¡vaya adelanto!) todos los alrededores de la iglesia estaban urbanizados, acerados, enfarolados y..."arrodeados" por adosados.


.. y como se puede ver en la foto anterior, la nueva pista del gran Sondika (ahora con K, claro) parece enchufar directamente al que pudo ser mi barrio..

Antes de aquellos años de ilusión, yo había empezado a pensar que Dios era un personaje literario y me había alejado de él; pero he de reconocer que, si es tan bueno como dicen algunos, en aquel pasaje de la novela de mi vida estuvo muy cerca de mí.
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