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Del Hotel del Coronado en la playa de San Diego, al Hotel Timberline en el Monte Hood. Y de CON FALDAS A LO LOCO de Willy Bilder, a EL RESPLANDOR, de Stanley Kubrick. La fórmula cinematográfica es la misma: usar las arquitecturas como decorados y mezclar arquitecturas al antojo del director. De ese modo, cuando se vuelve a ver la película después de haber estado en el edificio, se produce una especie de decepción cinematográfica, como si a la película se le vieran las trampas. Es posible que a los cinéfilos les pase lo recíproco cuando visiten los edificios, pero no es mi caso porque les encuentro siempre a las construcciones mucha más sustancia que a las películas. Y hasta más historias.
La larga toma hecha en helicóptero de la carretera que sube al Hotel de El Resplandor nada tiene que ver con el paisaje del Monte Hood en que está ubicado el Timberline Lodge. Y aunque las realidades sean distintas, creo que se puede decir que aquí la película está a la altura de la realidad porque la grandeza del valle por el que sube Jack Nicholson y familia es comparable a este gigante volcánico que se yergue por encima de todo el paisaje circundante.
Realidad y película coinciden en la foto de la llegada tomada desde lejos, o en las sucesivas fotos fijas hechas desde el exterior cuando empieza a nevar.
Por supuesto que el laberinto exterior es imaginario y que la puerta principal y su aparcamiento nada tienen que ver con el escenario cinematográfico creado a partir de una de las puertas de la zona de la cocina y de un porche que no conseguí localizar.
La película sitúa la construcción del edificio bastante antes que en la realidad. Según supimos allí por los folletos explicativos, el Timberline se construyó en los años treinta para paliar la falta de actividad constructiva de la gran depresión y por ello recabó del trabajo de muchísimos artesanos locales. El folleto turístico debió de escribirlo un periodista porque se olvidó decir quién fue su arquitecto. Para eso está la wiki, claro: un tal Turner, W.I et alt. perfectamente desconocidos.
A cambio, el folletito incluía una sección de la pieza más notoria del edificio, ese espectacular cono central que es un eco de la propia montaña:
La estructura de madera tiene unas escuadrías impresionantes, pero no se dejaba fotografiar a gusto. Eso se compensa con la foto de la gran chimenea situada a los pies de su núcleo central:
La puerta de acceso al edificio no tiene nada que ver con la puerta de la película y tiene la particularidad de que es doble: hay una a nivel de calle y otra a nivel de planta primera, para resolver así el problema de la gran acumulación de nieve en invierno. La escala de esta segunda puerta es también sorprendente.
Concluyo este recordatorio de nuestra visita con una imagen de los pasillos de las habitaciones que tampoco son los que el hijo de Nicholson recorría en su triciclo:
El cine ha venido a sustituir a las apariciones de las vírgenes dándoles a algunos edificios un aura que no necesitan. De todos modos hay que reconocer que las películas son los mejores anuncios. Y que sin el spot de EL RESPLANDOR es posible que no hubiéramos nunca conocido este estupendo lugar que, como decía antes, nos destrozó la película. Lo uno por lo otro.
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miércoles, 7 de diciembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
54. EL HOTEL DEL CORONADO, San Diego, California, USA.
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Ahora que recuerdo, el Hotel del Coronado fue un regalo o propina del argentino Gustavo, nuestro guía turístico en Los Angeles. El plan de día era hacer una de esas visitas señaladas en la vida de todo devoto de la Arquitectura: la del Salk Institute de Louis Kahn en La Jolla. Pero como yo andaba ya en trámites de dejar de pertenecer a esa secta, lo accidental fue aquel día mucho memorable que lo esencial. Tras ver el edificio de Kahn, parar en la playa de La Jolla a relajarnos, y comer luego viendo los portaviones de la Séptima Flota (la que un día estuvo en Pearl Harbour), Gustavo propuso llevarnos a la isla de Coronado a ver el famoso hotel donde se rodó la segunda parte de CON FALDAS Y A LO LOCO. Y como jefe de la expedición, acepté encantado.
Como todo esto sucedió en el curso de un solo día y hace de ello bastante tiempo (el 12 de abril del 2004) cojo el spypnic y voy para allá a hacer unas fotos desde el aire y situarme, porque nada me hace más feliz en estos tiempos que poner los lugares en su sitio.
Justo en el límite de los Estados Unidos y México en la costa californiana, una extraordinaria bahía cerrada por la isla de Coronado dio lugar a la ciudad de San Diego, y en el punto amarillo que he puesto en el mapa, se construyó en 1888 (Merrit Reid y James Watson Reid, arqtos) uno de los hoteles más fabulosos y grandes del mundo para el turismo estival de entonces.
Bajamos hasta el punto en cuestión y echamos un rápido vistazo al hotel...
... y volvemos a levantar vuelo para coger perspectiva y ver el lugar con la opción de edificios, que nos permite vislumbrar el downtown de San Diego y el elevado puente que permite el rápido acceso a Coronado y deja pasar los barcos de la Séptima Flota por debajo:
Viajamos ahora otro poco en el tiempo y volvemos a acercarnos al hotel desde el aire pero en 1927:
Aparte de su excelente ubicación (que nuestra maravillosa ley de costas no permitiría), lo más destacado del conjunto es ese pintoresco volumen cónico que articula la fachada de la entrada y la que da a la playa.
Si aparte de los turistas de alto poder adquisitivo que ya atrae, también vienen a él visitantes esporádicos, es muy lógico que la primera impresión que uno obtenga es la de un eurodisney más:
Pero si uno va explorando uno a uno los detalles y paramentos del edificio y de todos sus añadidos posteriores, es posible que le encuentre el encanto de esas composiciones abiertas, pintorescas y frescas con que la arquitectura nos regala tan pocas veces. Repare con detenimiento el curioso lector en la disposición tan aleatoria de los huecos y dispóngase a disfrutar un rato:
También entramos al lobby, y recuerdo que me llamó la atención la extraña decoración todo-en-madera como si fuera un hotel de montaña. No hice fotos, pero tomo prestada una que he encontrado en la red y que no sé qué derechos de autor tendrá (la gente pone aún unas cosas muy raras sobre derechos de fotos que en estos tiempos de millones y millones de pixels y música de disparadores de cámaras suena como antidiluviano) pero que si su autor quiere que la quite, sin problema.
Nada que ver con el exterior ni con el lobby de la película de Billy Wilder. Los directores de cine son unos cachondos, porque se pasan por el forro la arquitectura de los arquitectos haciendo los collages que les da la gana.
Como mi mejor recuerdo del Hotel del Coronado es el de la sala de baile donde Marilyn cantó I WANNA BE LOVED BY YOU y en aquella visita no pudimos comprobar si Wilder había hecho con ella lo mismo que con el lobby he buscado alguna foto reciente y he encontrado esta birria:
Pero como este blogs va de lugares memorables y no quiero que nadie lo cierre con mal sabor de boca, ahí va la sala de baile que Willy Bilder le regaló en 1959 haciendo para siempre de este Hotel un edificio LHD:
Ah, y hablando de travesuras de directores de cine para con la arquitectura, no olvidar que Bilder también se lo llevó de San Diego y lo puso en Miami. (Y eso por no hablar de las travesuras que hizo con el vestido de Marilyn y el foco de iluminación...).
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Ubicación:
Coronado, California, EE. UU.
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