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sábado, 12 de mayo de 2012

60. COBIJO




Este año me he tomado la molestia (o el placer) de dejar escritas unas notas sobre las clases que doy a los alumnos del primer curso de Proyectos de Diseño de Interiores de la Escuela de Diseño de La Rioja.

Cuando decidí hacerme profesor, a finales de los ochenta, mi modelo de clase era aún la "lección magistral", una puesta en escena de larga duración que me había fascinado en los años de mi formación universitaria, pero que con el advenimiento de la era del "hombre mosquito" (y ya no digamos con la llegada de la comunicación twitt) carecía de sentido. Mis clases se fueron haciendo cada vez más pequeñas hasta llegar a un formato que poco más o menos coincide con el de la entrada de un blog. De ahí que durante este curso haya podido realizar sin dificultad alguna el traspaso de algunos de sus contenidos a un blog, que no sé muy bien por qué coloqué en la familia sPyP en vez de en esta de LHD, donde realmente debería estar. Pero como ya es tarde para cambiar el blog de un lado para otro, con dejar aquí la referencia y el enlace,creo que es suficiente. El blog se llama PEQUEÑAS LECCIONES DE DISEÑO, tiene ya 54 entradas, y como se está acabando este curso no creo que escriba muchas más hasta el próximo mes de septiembre. Pero como digo, no es más que un pequeño cuaderno de apuntes desordenado.

En la última lección, llamada BIODISEÑO, dediqué brevemente un segundo apartado a las ideas de retorno a la naturaleza que surgieron con los movimientos contraculturales de finales de los sesenta para anunciar la que será mi última clase de este año: la presentación de la obra de Christopher Alexander como mejor cristalización teórica de aquellos movimientos. Pero en mi biblioteca hay muchas más cosas sobre ese punto de inflexión en el modo de ver la arquitectura y el medio ambiente, y uno de mis libros más queridos es este COBIJO editado en España por H Blume en 1979, cuya portada he puesto arriba.

Se trata de un compendio de las construcciones más primarias de la humanidad, desde las yurtas a los palafitos, de los carromatos nómadas a las casas barco, que cambia su enfoque hacia las formas o los materiales y que finalmente desemboca en una muestra de las construcciones que levantaron las comunas hippies a lo largo y ancho de la geografía norteamericana. Como obra colectiva que es, tiene aún más desorden que mis notas de clase, y cada página es como un condensado que merecería un libro, aunque finalmente a lo que más se me asemejan es a una entrada de blog.

De todas las páginas de ese libro, la que más he leído sin lugar a dudas, es la última, y como no es muy larga me apetece copiarla aquí como tema central de este 60 edificioLHD.

Lleva por ilustración esta foto, y el texto dice así:



"En noviembre de 1972 hicimos un viaje de diez días por el Suoeste tomando fotos para este libro. Visitamos docenas de casas, cúpulas y zomos, cientos de personas y tiramos más de 50 rollos de película (sobre todo en Nuevo Méjico y Colorado). De camino a casa tomamos la Autopista 50 a través de Nevada. Esta vía pasa por una serie de puertos de montaña que descienden a lo que parecen ser lechos de lagos prehistóricos. Nieve sobre la arena y la artemisa, aire limpio, sol brillante, colores intensos. Cada vez que coronábamos uno de estos puertos de montaña podíamos divisar delante 50 kilómetros de carretera despejada. Ni un coche a la vista.

Mientras descendíamos al cuarto lecho de lago divisamos ante nosotros, en la carretera, una figura solitaria. Al pasarla nos volvimos para ver su cara. Jack dijo, "creo que..." al mismo tiempo que yo ya estaba pisando el freno. Dando la vuelta fuimos a decir a Armand Basset si quería que lo llevásemos:

No, nunca dejo que me lleven.

¿Comida? Envases tirados junto a la carretera. Los hay de toda clase de cosas. Acabo de encontrar algo de chocolate con leche, bastante para llenarme los dientes. Disfruto todo lo que encuentro. ¿Tenéis mantequilla de cacahuete? Me encanta la mantequilla de cacahuete.

¿Cuánto tiempo llevas caminando?

Unos diez años. Hace algunos años no tuve nada mejor que hacer. Calculo haber andado el equivalente a seis veces la vuelta al mundo. 

¿Dónde duermes? (temperatura de -7ºC por las noches)

Bueno, a veces hace verdaderamente frío. Las dos últimas noches fueron muy frías. Pero generalmente está bien... generalmente está bien...

Fíjate en la diferencia en  nuestra forma de viajar. Tenemos el coche, sacos de dormir, comida, dinero; y tú llevas todo en esa bolsa...

Estamos igual. Vosotros vais de camino, yo voy de camino... Bien, gracias por la mantequilla de cacahuete. Hoy es un día realmente bueno. He pasado un par de días malos pero voy a seguir para adelante, ya hace sol y voy a disfrutarlo...


viernes, 16 de abril de 2010

27. CANEJAN, Valle de Arán, Lérida, España.




Cuando aún tenía yo afición (afecto) por la arquitectura de nuestro tiempo, sentía también cierta devoción por los orígenes de la arquitectura: ya se sabe, los mitos fundacionales, los dibujos de Laugier sobre la cabaña y todo eso. Es lógico que años después, cuando aquel afecto se ha trocado en decepción, la devoción por la arquitectura primitiva se haya convertido casi en una necesidad. La visita que cuento hoy aquí es de los primeros tiempos. Pero el blog es cosa de ahora.

Caneján es el pueblo del Valle de Arán más próximo a Francia en la salida del río Garona hacia el norte. Pero en vez de estar junto al río, se encarama a la ladera del último valle secundario del propio Arán, el valle del río Torán. Para situarnos, la perspectiva aérea que he tomado desde el Oeste sobre el mapa que nos ofrece Google Earth, es inmejorable.


Vemos serpentear el valle principal con la línea de los tres miles separándolo de España mientras que tras la línea de cumbres de la izquierda, algo más baja, estamos ya en Francia. Deudores del Garona vemos por la derecha el valle de Arties y el de la Artiga de Lin y por la izquierda, el Varrados y el que ahora nos interesa, el del río Torán. No cabe duda alguna de que el Valle de Arán es una unidad geográfica extraordinaria.

Pues bien, cuando fuimos allí de viaje de novios Rosalía y yo en 1978, recordaba del trabajo de 1974 para el COAC que sólo en Caneján quedaban unas casas (o bordas) con cubiertas de paja.

Para entonces ya había estado en el Cebreiro visitando las célebres pallozas de planta circular (orgánica) y por supuesto había sentido la misma emoción que me transmitieron los croquis del poblado de Moaña de Torres Balbas, o las clases de Rafael Moneo sobre esa proximidad formal entre el útero materno y la primera arquitectura. Pero aún no había visto nunca cubiertas de paja sobre ese nuevo estadio de la arquitectura en la que ya había aparecido el ángulo recto.

Nos adentramos con nuestro Citröen 2CV por el encajonado valle del río Torán con aquellas extraordinarias torrenteras al fondo,



y en el primer recodo avistamos la forma en la que el pueblo se asentaba en la ladera orientada a naciente.



Las pocas bordas que quedaban con tejado de paja estaban, sabía yo, en el camino que llevaba de Caneján a Bordius, justo a la derecha del pueblo.



Y una vez que aparcamos en el pueblo, para allí nos fuimos en la agradable pero distante compañía de una pareja de aldeanos.















Nuestros guías continuaron camino adelante y nosotros nos quedamos a contemplar largo rato esas reliquias arquitectónicas del neolítico y a hacernos fotos.






Siguiendo el camino por el que se fueron los lugareños, hubiéramos podido llegar a Bordius, pueblo abandonado en el que Soler y Santaló tomó a principios de siglo una foto en la que, no ya las bordas, sino las mismas casas tenían tejados de paja. Esa foto la publicó y puede verse en el libro LA CASA POPULAR EN ESPAÑA que escribió Fernando García Mercadal en 1930, que es la que pongo aquí (facsímil en colección Punto y Línea de la ed GG, Barna 1981):


Ya que en su día no fuimos hasta las ruinas del despoblado de Bordius, lo he hecho ahora con Google Earth:


No hemos vuelto a Caneján desde entonces y eso que tuvimos un amigo, colega de Rosalía en el MIR (el doctor Cristian Fallos se llamaba), que tenía allí una casa de un abuelo suyo que había sido medio contrabandista y que nos invitó a visitarle. (Con Cris hice un par de excursiones montañeras por la Rioja que espero contar en Montes).

Guardo también del pueblo de Caneján esta hermosa vista tomada cuando volvíamos de aquella especial comunión con esas bordas de tejado de paja que nos permitieron volver al neolítico gracias al motor de un 2CV y a nuestra ilusión.


Por las fotos que encuentro en Panoramio parece que los tejados de esas bordas han sido ya sustituidos por otros de chapa más modernos y que el pueblo está tomando el aire vulgar de cualquiera de los pueblos del valle,




así que es muy posible que no quiera volver por allí y que prefiera dejar en este blog el recuerdo de aquel gran momento.

Aunque no hay que ser derrotistas: río arriba hay una gran excursión del alta montaña hasta Montgarri que me gustaría muchísimo hacer. Eso sí, de llevarla a cabo, su historia ya no la pondré en este blog, sino en el mencionado MONTES.